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lunes, 19 de diciembre de 2011

Minific: Tus ojos azules







La primera navidad juntos
Isarose


Candy salió corriendo de la biblioteca de la Mansión Andley y subió por las escaleras rumbo a su habitación. Vivía ahí desde que Albert asumiera su papel como cabeza de la familia y se fuera de viaje.
Al llegar a su cuarto, cerró la puerta tras de si y empezó a llorar incesante recargada en la misma. No sabía que hacer, cómo reaccionar ante los últimos acontecimientos. “El” había regresado, había vuelto después de tanto tiempo y volvió para pedirle matrimonio. De algo sí estaba segura: que nunca lo había podido olvidar, que aún lo seguía amando.
--¿Por qué? ¿Por qué espero tanto tiempo para regresar? ¿Por qué me hizo sufrir tanto? No sé si pueda perdonarle que no me haya buscado antes. --
Después de pensar y llorar por un largo rato, se levantó rápidamente y salió corriendo de la habitación y bajó las escaleras.
--Tal vez aún está en casa, tal vez…--pensó con desesperación.
No, no quería que se fuera otra vez, no quería perderlo para siempre. No, ésta vez no dejaría escapar la felicidad, no dejaría ir al amor de su vida sin hacer nada para impedirlo. Al pasar corriendo por la sala rumbo a la biblioteca, se encontró con Archie.
--¡Candy, Candy! ¿A dónde vas?—el joven la siguió, tratando de tranquilizarla.
--¡Oh, no! ¡No está aquí! ¡Se fue!—dijo ella al mirar dentro de la biblioteca--Archie, él regresó, vino por mi. ¿Tú lo sabías? ¿Lo sabías todo este tiempo y no me dijiste nada?
--Sí, ya lo sabía. Acaba de regresar de Europa y nadie más lo sabe. Perdóname pero él me pidió que no te lo dijera, quería darte una sorpresa. Él ya te explicó todo ¿o no?—
--¡Sí, SÍ!… ¿Dónde está? ¿Se fue? ¡Oh Archie! Él cree que no lo amo, lo rechacé porque estaba enojada, pero la verdad es que lo amo, lo amo aún más que antes, más que siempre.
--Pues hace ya media hora que se marchó, te estuvo esperando pero al ver que no bajabas decidió irse, se veía un poco triste. Dijo que si no lo perdonabas mañana mismo regresaría a Europa y ésta vez para quedarse allá…Aquí está la dirección del hotel dónde se hospeda y el número de habitación… ¡Vamos, yo te llevo!
--Sí, por favor apúrate Archie.--
Subieron al coche, el tráfico estaba muy pesado pues era víspera de navidad. Así que aunque el hotel estaba cerca tardarían al menos media hora en llegar. Mientras iban rumbo a la dirección indicada, Candy observaba a la gente que apresurada caminaba por las calles haciendo compras de última hora, a las parejas que tomadas de la mano se detenían para besarse sin importar los fríos copos de nieve que caían cada vez más abundantes. En ese momento deseo tanto estar así con él.
--¡No puedo más Archie, iré caminando!—dijo Candy, abrió la puerta y saltó fuera del coche.
--¡Pero Candy!—exclamó el joven sorprendido.
--No te preocupes estaré bien—fue lo último que dijo antes de dar media vuelta y salir corriendo perdiéndose entre la gente.
--¿Caminando? ¡Si casi va volando! Jaja…Ojalá se arreglen esos dos—pensó Archie con una sonrisa.
Después de chocar con una persona y ayudarle a levantar todos sus paquetes Candy por fin llegó a la puerta del hotel…Se arregló como pudo el peinado y entró.
En la recepción le dijeron que podía subir, que la estaban esperando. Así que subió rumbo a la habitación. Estaba por tocar cuando se dio cuenta que estaba abierto, así que empujó lentamente la puerta y entró sin hacer ruido.
Ahí de espaldas, mirando por la ventana las luces de la ciudad y los copos de nieve caer lentamente en la oscuridad de la noche, estaba el hombre que más había amado, que más amaba. De pronto, al sentir su presencia se dio la vuelta y Candy pudo ver esos ojos azules que tanto había añorado…
--¡Candy, viniste! Lo sabía. —un brillo de lágrimas contenidas apareció en la mirada de ambos.
--Sí… he venido a decirte que…Te quiero…Te amo y no quiero perderte, no me dejes otra vez. —Candy no pudo más y se lanzó a sus brazos.
--¡Candy! Mi dulce Candy, entonces ¿aceptas?
--Sí, sí…Me quiero casar contigo. ¡Ya no quiero separarme de ti nunca! ¿Sabes? Desde la primera vez que te vi, aun sin saber tu nombre, me enamoré y supe que jamás te olvidaría.
--A mi me pasó lo mismo, te amo… ¡Te amo!—
Ahí estaban estrechamente abrazados, parecía un sueño, pero no lo era y Candy pudo comprobarlo al levantar la cara y encontrar esa mirada llena de amor, al besar por fin esos labios que tantas veces deseó besar.
Hasta ese momento se dio cuenta que aún llevaba puesto el abrigo mojado por la nieve y él solo tenia puesta la bata de baño del hotel.
--Oh, perdóname te voy a resfriar—dijo ella interrumpiendo el abrazo.
--Eso lo podemos remediar—le quitó el abrigo y empezó a besarla en el cuello mientras desabrochaba el vestido…
--Ah, espera. Yo…--Candy ya no pudo decir más pues sus labios fueron sellados por innumerables besos.
Las ropas de ella y la bata de él cayeron al suelo rápidamente. Había que recuperar el tiempo perdido. Estaban de pie estrechamente enlazados, acariciándose, besándose sin parar. El acarició la blanca espalda, ella enredó sus dedos entre los sedosos cabellos de su amado. Poco a poco la llevó hasta el mullido lecho donde pudieron recorrer cada centímetro de su piel mutuamente, primero con la mirada, posteriormente con manos y labios. Por fin unieron sus cuerpos y sus almas en una danza febril, en ese intercambio apasionado de besos y caricias.
A la mañana siguiente, él despertó primero y no pudo evitar mirarla por largo rato, de pronto al ver que se despertaba fingió estar aún dormido, ella al verse entre sus brazos sonrió sin poder creer que ese hombre fuera al fin suyo. Se incorporó y quiso despertarlo con un beso…Acercó lentamente el rostro al de él hasta beber su aliento. Estaba a punto de besarlo cuando él abrió sus bellos ojos azules y la atrapó nuevamente entre sus brazos dándole no uno, sino muchos besos apasionados.
Ya era casi mediodía cuando Candy se sentó en la cama sobresaltada…
--¡¿Te das cuenta que día es hoy?! ¡La tía abuela nos matará si no llegamos a la comida familiar!—
-- Sí, es navidad. Nuestra primera navidad juntos y espero que sean muchas más…Creo que te mataría a ti pues no sabe aun que yo regresé—dijo el dulcemente con una sonrisita picara en los labios. Luego se levantó para traer una cajita que depositó en las manos de ella—Aquí tienes tu regalo.
--¡Oh! ¡Esta hermoso!—exclamó llena de felicidad. Era un bello anillo de compromiso de oro blanco con un diamante azul. —Pero yo no tengo nada que darte—agregó algo triste.
--Ah, ya me has dado el mejor regalo de todos…Tu amor—le dijo con la mirada llena de amor y deseo.
--¡Anthony! ¡Anthony mío!—Lágrimas de felicidad corrían por las mejillas de Candy.
--Mi llorona, mi dulce Candy—Anthony secó las lágrimas con sus besos y volvieron a amarse sin importar el tiempo, ni la tía abuela, ni nada.

FIN

7 comments:

Anónimo dijo...

superbe!!!

Anónimo dijo...

Very good.it's excellent

Anónimo dijo...

Hermoso, Anthony era el personaje más dulce e ideal, merecía un mejor final

arleni ferreyra pacaya dijo...

Hermoso me encanto tu historia amiga y esperó que sigas escribiendo más sobre mis dos Rubios

arleni ferreyra pacaya dijo...

Hermoso me encanto tu historia amiga y esperó que sigas escribiendo más sobre mis dos Rubios

Glenda Carcamo dijo...

No que va el murio que feo eso es enfermo

Glenda Carcamo dijo...

No que va el murio que feo eso es enfermo

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