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jueves, 10 de febrero de 2011

Historias de Amor



Isis y Osiris


La mitología egipcia es mucho más complicada que la griega y ha tardado mucho más tiempo en ser descubierta. Los griegos, como los babilónicos y los indios, escribieron sus leyendas y a través de ellas hemos conocido sus mitos. Los egipcios eran menos aficionados a escribir, y los sabios que estudian las inscripciones de los templos, única fuente de la mayoría de las leyendas de este misterioso país, se encuentran ante una gran confusión de nombres, de personajes y de hechos. Es probable que los mismos dioses se conocieran con varios nombres distintos y esto no hace sino aumentar la confusión.

Por otra parte los antiguos egipcios eran mejores pintores y escultores que poetas, y sus leyendas no tienen la belleza temática de las leyendas indias y griegas. Casi todas las leyendas egipcias que se conocen son versiones de otras leyendas griegas más antiguas. Pero en esta escasa mitología legendaria egipcia hay una bonita historia de amor: la de Isis y Osiris. Ella es la diosa de la belleza y él es el dios de la vida. La unión de la belleza y de la vida sólo puede hacerse, en las alturas del mito, a través de un cuento de amor.

Osiris, el protagonista, es la fuerza creadora que da calor a la tierra para que sea fecunda. En este sentido Osiris e Isis son el sol y la tierra. Osiris, en su forma mortal, ha muerto y parece que está enterrado en Abydos, cuna de su leyenda. Isis es la tierra, a quien Osiris hace germinar con su calor, y del amor de ambos nacen todos los seres vivos. En realidad Osiris es el eterno masculino e Isis el eterno femenino, el hombre y la mujer elevados a su pura esencia de tales. Y es natural que no puedan hacer otra cosa que amarse.

En la leyenda egipcia, además de amantes, son hermanos. Parece que esta idea se acomoda muy bien a los principios religiosos de los adoradores del sol, pues ésta es la única forma de que todo tenga un origen común. Isis nos da la medida de la escasa fuerza poética creadora de los egipcios, pues en ella se reúnen todas las atribuciones de las distintas diosas de la mitología griega. Su nacimiento tiene poca historia y sus aventuras son muy escasas.


Isis y Osiris se aman, son esposos felices y así hacen que el amor empiece a reinar entre los hombres, quienes, menos capaces que ellos, se muestran un tanto reacios a un sentimiento tan elevado. Los hombres se quieren poco, cultivan mal la tierra y no saben gozar. Osiris se esfuerza en hacerlos más sentimentales y más entendidos en todo y no se cansa de darles lecciones de agricultura, de poesía y de amor. ¿Qué más se necesita para ser feliz?

Pero Osiris tiene un hermano, malo y envidioso, que se llama Set. Y además de malo es astuto, y está tramando la perdición de Osiris, aunque le trata siempre con fingida amabilidad para que él no sospeche nada. Isis, más desconfiada que su esposo, no pierde de vista al cuñado. Pero Osiris, cuando ella le comunica sus temores, nunca la toma en serio.

Durante una larga ausencia de Osiris, Set se hace construir un cofre en forma de sarcófago, muy ricamente revestido, ofrece un banquete a sus amigos, les enseña el cofre y les dice:

—Lo he construido para vosotros, para uno de vosotros, aquel cuyo cuerpo ocupe todo el espacio libre que hay en el interior del cofre, ni más ni menos.

El cofre tiene incrustadas piedras de mucho valor y todos quieren probar. No se sabe exactamente quiénes son esos invitados. En la mitología egipcia hay pocos dioses y los héroes brillan por su ausencia. Es posible que sean hombres de la nobleza y hasta que entre ellos estuviera el rey. También en esto Egipto es un país sin excesos. Mientras en la leyenda griega hay un rey en cada montaña, en cada isla y en cada ciudad, en la escasa leyenda egipcia suele haber un solo rey para todo el país.

Cuando ya han probado todos, aparece Osiris, que acaba de regresar. Se entera del juego y prueba también. Y ve, con asombro, que su cuerpo ocupa exactamente todo el espacio del interior del cofre. Set ya sabía que esto iba a ocurrir, pues había tomado las medidas de su hermano y había construido el cofre según ellas.

Pero la alegría de Osiris dura muy poco. Set tiene a sus guerreros preparados. Se precipitan sobre el cofre, lo cierran con Osiris dentro y lo arrojan al Nilo.

Isis no asiste al banquete y no se entera de la muerte de su esposo. Le sigue esperando todos los días. Pero pasa el tiempo y el esposo no regresa al hogar. Uno de los que asistieron al banquete le cuenta al fin la verdad y ella empieza una peregrinación por la orilla del mar en busca del cofre que encierra el cuerpo de su esposo. Al fin, después de mucho tiempo, lo encuentra en la costa fenicia. Lo abre y sólo puede convencerse de que Osiris ha muerto. Lo lleva consigo otra vez a Egipto y lo entierra en la arena, en el delta, allí donde el río se confunde con el mar.

Los espías de Set la descubren mientras está abriendo la fosa. En seguida van en busca de su señor. Isis, después de echar sobre la tumba de Osiris la última paletada de tierra, implora a Ra, el dios de los dioses, en favor de su esposo muerto. Pero antes de que sus voces lleguen al cielo, Set ha desenterrado el cuerpo de Osiris y, para evitar que Ra pueda devolverle la vida, lo corta a pedacitos y esparce los trozos por toda la tierra de Egipto.

Cuando Ra se entera de lo ocurrido, dice:

—Quiero ver el cuerpo de Osiris para saber si es cierto que ha muerto. Cuando lo vea, le devolveré la vida.
Isis corre en busca del cuerpo y entonces se entera del segundo crimen de Set. Pero ella ama a Osiris y no desespera. Emprende una segunda larga peregrinación por todo el país y consigue reunir uno a uno todos los pedazos del cuerpo muerto, y reconstruirlo todo. Cuando Ra se entera de lo que ella ha hecho por amor de Osiris, en seguida se lo devuelve vivo y le dice:

—Que vuestro amor sea la bendición de la tierra de Egipto.

Parece que en la leyenda, Osiris, en cumplimiento del destino de los dioses, que no pueden volver a la luz cuando han muerto una vez, funda su reino bajo tierra, en el país hasta entonces reservado a los muertos. Y que encarga su venganza a Horo, el más pequeño de sus hijos. Isis cuida de él en una playa lejana, hasta que el niño se hace lo bastante fuerte para luchar. Y entonces provoca a Set, luchan durante muchas horas, y al fin Horo vence. Pero Set acude a Ra y a los otros dioses, dice que él es el llamado a suceder a su hermano muerto y les pide que lo proclamen así. Los dioses egipcios son lentos y parece que discuten durante ochenta días sin llegar a un acuerdo definitivo.

Entretanto, Isis toma la figura de una pobre mujer y un día se presenta a Set, delante de los otros dioses, y le dice:

—Mi esposo murió y mi hijo heredó los rebaños de su padre. Pero ahora ha llegado un extranjero y nos los quiere quitar. ¿Puedes ayudarme?
—Cuenta con mi ayuda, mujer —dice Set, que no la ha conocido—. Nadie puede arrebatarte los rebaños, pues mientras viva tu hijo sólo a él pertenecen.

Entonces Isis se quita el disfraz y pregunta a los dioses:

—Si un rebaño de un padre sólo pertenece a su hijo, ¿por qué el reino de mi esposo Osiris no ha de pertenecer a mi hijo Horo?

Y los dioses le dan, entonces, la razón. Osiris queda como soberano del reino de los muertos y Horo como soberano de la tierra de los vivos, que es la misma Isis, salvada de un dios maligno, por el amor que la une a otro dios bondadoso.

Set, en la leyenda egipcia, es el principio del mal. Es todo lo contrario de Osiris. Se le representó feo, desagradable, repulsivo, con la piel muy blanca y el cabello rojizo, precisamente porque el tipo puro egipcio era de piel oscura y cabellos negros. Cuando la leyenda de Osiris llegó al pueblo, nació un sentimiento de animosidad contra Set, que fue detestado y odiado. Parece que en una cierta época, acaso en una época de hambre, todas las estatuas de este dios fueron destrozadas y se arrancó su figura de los bajorrelieves antiguos. Los poetas inventan dioses buenos y dioses malos; y el pueblo, que apenas conoce a los poetas, si los dioses son buenos se siente protegido por ellos y les adora, y, si son malos, los teme y los detesta.
El mito de Isis y Osiris, como todos los mitos egipcios, carece de la soberbia limpieza y claridad de los viejos mitos griegos, que parecen todos amasados con sol y con sangre y escritos en el mismo lenguaje vigoroso, fecundo y a veces bárbaro que usan los hombres para entenderse entre sí.

3 comments:

Alfredo Rojas León dijo...

Esa escultura de Isis & Osiris, (NEVERCLOCK) de qué escultor es? es antigua? o es actual? la desconozco por completo.

Eduardo Hernández dijo...

Admirable el amor de Isis, con gran valor para enfrentar a Set frente a los dioses, hace resucitar a Osiris y no solo eso, lo lleva a ser el soberano de los muertos mientras que su hijo Horus, soberano de los vivos.

Eduardo Hernández dijo...

Una escultura muy sensual. Cabe señalar en la istoria que fue Horus hijo de Isis el que encontró los pedazos del cuerpo de Osiris, con su vista de alcon, por eso la importancia de el simbolo del ojo de Horus

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