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lunes, 7 de febrero de 2011

Merodeando con las Valkirias



Washington, D.C.

Un gran saludo a todos los lectores de la revista. En esta ocasión, estoy emocionada, no solo por poder hacerle el quite otra vez a la Valkiria viajera con la narración de esta edición, sino porque además de tener la oportunidad de viajar, cosa que me encanta, aproveché para reunirme con Lily y agregar una valkireunión a esta experiencia.


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Después de un viaje de 18 horas, llegué al Dulles International Airport de la Ciudad de Washington, D.C., que en realidad está en Chantilly, Virginia. Para mí resultó extraño llegar a un estado distinto al que viajaba, y temía cuanto tardaríamos en llegar por fin a nuestro destino. Pero tener esa interacción con Virginia, y con Maryland, no es extraño, debido a la longitud del Distrito de Columbia, de tan solo 177 kilómetros cuadrados, además de que este distrito creado especialmente para fungir como la capital del país y fundado el 16 de Julio de 1790, colinda al Suroeste con Virginia, y con Maryland por sus otros lados. De hecho, de las más de 671,000 personas que trabajan en Washington, el 33.5% vive en Maryland y el 22.7% en el Norte de Virginia.


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Ya desde el momento de llegar, me pareció un viaje mágico. Tal y como solamente había visto en películas y postales, las construcciones del mismo estilo antiguo se combinan perfectamente con el bosque que las rodea. Además del radical cambio de paisaje, noté mucho el cambio en el aire. La humedad del río y del bosque mantienen el aire puro, limpio y con un delicioso aroma a pino y otros árboles de la región. Lo que más sorpresivo me resultó de este lugar, y que no dejé de notar en los días siguientes, es que es un lugar bonito por donde lo veas. En todas las grandes y pequeñas ciudades, importantes o no, hay lugares bonitos y lugares descuidados. En todas las capitales mundiales encontrarás barrios marginados, graffitti y otras manifestaciones de delincuencia. Pero en Washington no encontré eso. Para donde volteaba, encontraba construcciones y edificios bonitos y bien cuidados. Se ve el lugar tan tranquilo, tan pacífico, que podría haber jurado que no existe el crimen en Washington, si no fuera porque justo antes de ir leí una novela policiaca sobre un asesino serial que se movía entre Virginia, Maryland y Washington... pero esa es otra historia.




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También es de notar, que las construcciones no son muy altas, esto porque de acuerdo a las políticas del lugar, ningún edificio debe ser más alto que la Casa Blanca, la residencia oficial del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Después de una noche de merecido descanso, a la mañana siguiente me levanté lista para conocer la Ciudad. Me puse mis botitas especiales para merodear, un pantalón cómodo, una buena chamarra, bufanda, gorro y guantes y salí a caminar, para familiarizarme con el aire del lugar. El hotel en el que nos hospedamos, está situado en Connecticut Avenue, casi donde comienza la avenida, así que mi paseo lo inicié hacia el otro lado.




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Aunque es una avenida importante, el tráfico estaba supertranquilo. Apenas habíamos andado un par de cuadras, cuando me encontré con la Universidad del Distrito de Columbia, y con un sinnúmero de letreros que indicaban los caminos hacia las diversas embajadas de distintos países.




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Así que caminé por una calle, que más parecía carretera, entre los diversos y bellísimos edificios que representan las embajadas de Pakistán, China, Brasil, Holanda, entre otras, y de pronto mi atención se vio capturada por los señalamientos de un museo cercano "Hillwood" del cual yo nunca había escuchado, y picada por la curiosidad, decidí ir de visita a mi primer museo en Washington.





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Este museo fue la mansión de la señora Marjorie Merriweather Post, famosa tanto por haber sido la dueña de la compañía de alimentos que fue fundada por su padre (la Postum Cereal Company, que después de la muerte del padre y del casamiento de ella con el financista Edward F. Hutton se transformó en la General Foods Corporation), además de diversas actividades filantrópicas y diplomáticas, como por ser coleccionista de arte; y por ello su propósito siempre fue convertir la mansión, a su muerte, en museo de exhibición del arte que coleccionó de entre los siglos XVI y XIX de Francia, Rusia, Inglaterra, entre otros. En 1955 compró la propiedad de 25 acres de jardines formales y bosques naturales. La mansión fue diseñada de tal forma que permitiera pasar fácilmente de una habitación a otra para ser recorrida como un museo. Cada pieza de la mansión está sobrecargada de lujo, llena de retratos, alfombras, muebles, objetos grandes y pequeños, llenas de historia y color. Además, hay en la propiedad otras construcciones que vale la pena recorrer, y hasta una cafetería, así como diversos y muy bellos jardines, como el jardín de rosas, el jardín de flores, el jardín francés, un jardín de estilo japonés, y hasta una terraza para admirar el paisaje, entre otras muchas cosas que ver.




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Claro, no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar el atractivo turístico por excelencia en Washington: el Lincoln Memorial (Monumento a Abraham Lincoln), muy cerca del río Potomac, colindante con el Estado de Virginia;
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yo pensaba que uno podía llegar como en las películas y hacer a solas un monólogo con la estatua de tan ilustre presidente, e incluso sentarse en sus piernas cual si fuera Santa Claus, pero el lugar está lleno de turistas y policías, así que mejor fue desechar la idea y contentarme con tomar fotografías.

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Este monumento está ubicado en un extremo del National Mall (la Explanada Nacional), donde además, se encuentran el espejo de agua (Reflecting Pool), el monumento a la Segunda Guerra Mundial, el monumento a Washington, más conocido como el Obelisco, el monumento a los veteranos de la Guerra de Vietnam, los Jardines de la Constitución, el monumento a la firma del Acta de Independencia, el monumento a los veteranos de la Guerra de Corea, y entre esto y el río está el West Potomac Park, donde hay muchos otros monumentos importantes, como el monumento a Thomas Jefferson.
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La Explanada Nacional, en sí, inicia en el Obelisco, pasa por varios edificios del museo Smithsoniano, por el monumento a Ulysses Grant, y termina en el Capitolio.




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Aunque originalmente no lo parecía (dijo la que se dejó llevar por las películas), la caminata por el lugar está tan larga, que aunque llegamos a mediodía, pronto nos oscureció, y tuvimos que volver al día siguiente para tratar de completar el recorrido. Además de que mi acompañante se cansó, y se rehusó a seguir caminando si no le tomaba una foto en estado de indigente.



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Otro lugar muy importante, es el cementerio nacional de Arlington, el cual está en Virginia, cruzando el río Potomac, situado sobre una colina que mira hacia Washington, D.C. Este cementerio fue establecido durante la Guerra Civil Estadounidense, y entre sus atractivos, está la tumba al soldado desconocido, abierta al público en 1932; también el memorial "Iwo Jima", el memorial del Transbordador espacial Challenger, el memorial a las víctimas del ataque del 11 de Septiembre de 2001 al Pentágono, la tumba del presidente John F. Kennedy, entre otras.


El recorrido por todo Washington lo puedes hacer dentro de un tour, o por tu cuenta, en taxi, e incluso en metro. Aunque el metro es una forma rápida y la más económica de llegar, no te lo recomiendo para tu primera vuelta, porque te pierdes toda la vista de la ciudad, y eso aunado a que en el metro te tratan como experto... la verdad es que por más cara de turista que pongas, y a leguas se te note que no entiendes como usar por primera vez la máquina expendedora de pases de abordar, no hay nadie que se acerque a auxiliarte, ni de las 20 personas que se desesperan haciendo fila atrás de ti, ni de los empleados de la estación. Pero Lily y yo somos muy listas y terminamos aprendiendo.

Cuando nos ganó el hambre, para comer nos detuvimos en un lugar de sandwiches, al fin que ahí abundan, y por lo que pude darme cuenta, hasta concursan cada año por ser el mejor de la ciudad, así que lo recomendable es ir a algún lugar de los que están compitiendo por ser el mejor, ya que se esmeran mucho con el servicio y la calidad de los productos, y a precios razonables. También, por tratarse de una capital mundial, todos los países del mundo tienen su embajada en Washington D.C., es fácil encontrar restaurantes de comida deliciosa de todas partes del mundo, para todos los gustos.




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Continuando con el aspecto cultural de la ciudad, no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar el museo Smithsoniano, el cual está conformado por:
el museo de Historia Natural,
el Museo del Aire y del Espacio,
el museo de Historia y Cultura Afro-Americana,
el museo de Arte Africana,
el museo de Arte Americana,
el museo de Historia Americana,
el museo de los Indios Americanos,
el museo de la Comunidad de Anacostia,
el museo de las Artes y las Industrias,
la Galería de Arte Freer,
el museo Hirshhorn y Jardín de Escultura,
el Zoológico Nacional,
la galería Nacional de Retratos,
la galería Renwick de Arte Americana
y la galería Arthur M. Sackler.


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Junto con el castillo, que son las oficinas administrativas, más otros museos situados en Virginia y en New York, suman un total de 19, y junto con el Parque Nacional y 9 instalaciones dedicadas a la investigación, se convirtierte en el museo más grande, no solo de la unión americana, sino del mundo.

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Omitimos visitar el zoológico (en Connecticut Avenue), porque el clima estaba muy lluvioso, pero no dejamos de ir al Museo de Historia Natural, y al Museo del Aire y del Espacio, el cual es el más visitado de la Ciudad de Washington, de acuerdo al guía de turistas que nos atendió.




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No necesito decir que los pequeños acompañantes se la pasaron de lo lindo en cuanto museo visitábamos, y lo mejor de todo, es que no solamente hicieron travesuras, sino que también aprendieron (algo).




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Otro museo que nos encantó encontrar, y que no teníamos contemplado, fue el de National Geographic, el cual está ideal para llevar niños, porque es muy interactivo. Por cierto, nos enteramos que los miércoles la entrada es gratis. Y como recuerdo del museo, no podíamos dejar de tomarnos nuestra fotografía en una portada de la revista.

Otra visita obligada en la ciudad de Washington, por supuesto, es la Casa Blanca, la residencia oficial del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, lástima que por escasez de tiempo solo la visitamos por fuera... pero a la siguiente no se nos olvida apuntarnos con tiempo en un tour.


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En resumen, en Washington encuentras lo mejor del mundo en paisajes, restaurantes, museos y sitios de interés.

Y como todo termina en esta vida, cuando menos acordamos terminó nuestro tiempo para merodear por Washington, no sin antes aprender valiosas lecciones acerca de como usar el metro sin asesoría, de programar tours con tiempo, visitar las tiendas de los museos para conseguir los mejores souvenirs, preguntar en los museos por los días gratis de visita, y la que nos pareció más importante a Lily y a mí,como abrir una botella sin descorchador.


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¡Hasta la próxima merodeada!

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