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viernes, 25 de junio de 2010

Cambio de Planes











Cambio de Planes
Para celebrar el cumpleaños de Albert
Por Perla Gutiérrez





Un hombre elegantemente vestido camina por un vestíbulo fastuosamente decorado. Al fin, se detiene frente a una majestuosa puerta doble, sin duda la de la principal habitación de la mansión, y golpea tres veces la puerta. Espera unos segundos, y al no obtener ninguna respuesta, vuelve a golpear.

Nada, ningún sonido emerge de la habitación. El hombre duda unos momentos, y al fin se decide a entrar a la habitación sin haber obtenido el permiso necesario para hacerlo. Abre las puertas de una habitación en penumbras, se acerca a los amplios ventanales y corre las cortinas, esperando que la luz del sol le brinde un mejor panorama, y tal vez, una respuesta al porqué el lugar se encuentra en perfecto orden, e incluso la cama se encuentra perfectamente hecha, como si nadie la hubiese utilizado la noche anterior.

Después de algunos instantes analizando la pulcritud del lugar, sus ojos topan con un sobre depositado sobre una mesa de noche. Lo toma en sus manos y lee en el remitente “Sr. Archibald Cromwell”. Con el sobre en sus manos, abandona la habitación sin ocuparse en cerrarla, y se dirige por el mismo vestíbulo hacia otra elegante puerta. Llama a la misma, y después de unos segundos se escucha una invitación a seguir adelante. El hombre se introduce en una habitación sobria, donde un joven está levemente incorporado en una elegante cama con dosel.

-Disculpe la interrupción- se adelanta a decir el hombre con tono de urgencia-, pero creo que hay un asunto que no puede esperar.

-¿Qué sucede George?- contesta el joven con preocupación al escuchar el tono en la voz del hombre.- ¿Hay algún problema con la organización de la fiesta?- preguntó pensando en el evento programado para esa noche.

-Creo que sí- contestó el hombre- el señor William no está en sus habitaciones, y por lo que conozco de él, no creo que tenga intenciones de hacer acto de presencia hoy mismo.

-¿Aunque sea su fiesta de cumpleaños?...-dudó unos instantes y continuó- ¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Creo- repitió George- que usted será quien tenga que decírmelo, ya que el señor William ha dejado una carta para usted.- Y al decir esto, le extendió el sobre que llevaba en las manos.

Archie abrió el sobre con avidez y se apresuró a leer su contenido:

Querido Archie:

Antes que nada, te pido disculpes que no te haya hablado de frente, pero temo que, tal como ha sucedido en nuestras últimas conversaciones, logres hacerme entrar “en razón” y me hagas desistir de mis intenciones.


Si ahora estás leyendo esta carta, no te preocupes por mí, porque de seguro me encuentro bien; si cabe decirlo, me encuentro mejor que nunca. Y de hecho, justifico mi acción en que estoy pensando en mi salud, tanto física como emocional.

Durante mucho tiempo, tú lo has visto, mi aspecto físico ha desmejorado, mi mirada se ha apagado, mi apetito ha disminuido, mi sueño se ha esfumado de mis noches. Y aunque he hablado contigo, con George, con la tía Elroy, y hasta con Candy, sobre lo que puede estarme afectando de tal forma, solamente con ésta última me he sentido libre de expresarme completamente, y de llegar a una conclusión.

He estado leyendo a Robert Louis Stevenson, un libro muy interesante que nunca me había dado oportunidad de leerlo a pesar de tenerlo siempre disponible en la biblioteca, “El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde”, y me abrumó sentirme tan identificado con el final del libro. La primordial razón de mi desmejoramiento es que soy infeliz. Y esto es algo que cuesta trabajo entender, lo sé, pues la mayoría opina que con tanto poder como el que tengo en mis manos, nadie puede ser infeliz. Pero yo lo soy, porque soy un naturalista atrapado en el cuerpo de un hombre de negocios. Dedico días y noches a administrar una fortuna familiar, pero no estoy viviendo. Y de la misma forma que el Dr. Jekyll explica que tuvo la necesidad de liberar la maldad encerrada en lo que debía ser su imagen perfecta, yo tengo la necesidad de liberar mi cuerpo de estas ropas, de estos zapatos… de esta jaula de oro.

Hace algunos años, es cierto, me resigné a que mi momento de convertirme en la cabeza de la familia había llegado, que debía dejar mis ímpetus juveniles atrás y empezar a ejercer una labor de por vida, porque la genealogía familiar exigía que fuera yo y no alguien más quien desempeñara ese papel. Y estuve resignado a que así debía ser, y he ejercido mi labor de manera impecable… pero cada día que he pasado dirigiendo a ésta familia, muere algo en mi interior.

Sé que estás planeando un gran evento para esta noche, y no es mi intención arruinarte la fiesta, pero he meditado mucho en los últimos días, que realmente hoy cumplo 35 años, que estoy, por lo menos, a la mitad de mi vida, y simplemente no puedo resignarme a ser durante 35 años más un naturalista atrapado en el cuerpo del hombre de negocios. Eso es pedirme demasiado.

Así que me voy, emprenderé nuevamente mi camino, no sé a donde me lleve, pero estoy muy feliz por ello, les escribiré regularmente para que no se preocupen por mí. Cuida mucho de la tía Elroy, sé que no estará de acuerdo y buscará la forma de dramatizarlo y angustiarse por mi partida, pero en el fondo, sé que ella siempre ha sabido que esto sucedería, y que no le afectará realmente.

Pero como te dije, no te arruinaré la fiesta de esta noche. Hasta este renglón, aún soy cabeza de la familia, y es mi última decisión como tal que a partir de hoy todo ese poder y todas las facultades pasen a tus manos. Confío en tus habilidades y conocimientos para tal empresa, además de estar convencido que eres tú más que nadie quien desea dirigir a ésta familia por amor y no por almacenar poder. He ahí tu motivo para celebrar. Y bebe una copa a mi salud, consciente de que yo, donde esté, estaré bien.

Te deseo siempre lo mejor.

Con afecto, tu tío y amigo

W. Albert Andley.

P.S. Ah, tranquilo, que esta no es una despedida para toda la vida. En cuanto esté seguro que no están pensando hacerme volver, les haré saber donde estoy y hasta los invitaré a pasar un tiempo conmigo.

P.S. 2 Por cierto, no esperes a Candy ésta noche en la fiesta. La he convencido de huir conmigo


Archie, con la boca abierta completamente en una expresión de incredulidad, volteó a ver a George.

-¿Sucede algo señor?- preguntó George al ver su expresión.

-Tenías razón- contestó Archie- el señor William no estará esta noche en la fiesta.

-¿Qué desea hacer entonces?

-Por lo pronto, necesito hablar con la tía… hay un cambio de planes.

Y ambos salieron de la habitación, convencidos de que a partir de ese día, las cosas serían muy diferentes… y se alegraban por ello.

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2 comments:

Ale M dijo...

Si Perla, coincido con Lily... tenemos una queja... el minific es demasiado corto jajaj queremos segunda parte!!!!

lilyflor dijo...

YO estare esperando la segunda Parte de este Microfic ;)

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