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jueves, 28 de octubre de 2010

Asesina de sueños 10


Asesina de Sueños
Por Perla Gutiérrez

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martes, 26 de octubre de 2010

Asesina de sueños 09





¿Quién tiene derecho a decidir quién debe morir y quién debe vivir? Dirán que solamente Dios... pero si nos dió libre albedrío, ¿no incluye esa decisión entre las que podemos tomar? Ya lo sé, me dirán que es una blasfemia, y me tacharán de hereje. Pero confiesen que les agrada que también mato sus pesadillas, y no solamente sus sueños. Y ese deseo de matar las cosas malas, los convierte en asesinos igual a lo que yo soy.

El capítulo de hoy se titula: Malas coincidencias

A pesar del frío, Candy se sentía muy bien, pues después de un mes encerrada en su habitación, sin ver a nadie como no fueran las religiosas que le daban clases y llevaban alimentos, por fin pudo salir al exterior. El final de su castigo coincidió con un día de domingo, así que lo primero que tuvo que hacer ese día fue asistir a misa. Le resultó incómodo, porque todas las miradas y murmullos se centraron en ella, pero estaba decidida a ignorarlos. Aunque se sintió decepcionada, porque su esperanza para sobrevivir el momento se centraba en encontrarse con Anthony y Stear, de quienes no había sabido nada desde que los vió en la enfermería. Pero los chicos brillaron por su ausencia. Tal vez, pensó Candy, no estaban al tanto de que ese día terminaba su castigo, porque de seguro no la habrían dejado plantada.

Al terminar la ceremonia, Candy se percató con agrado que ya nadie le prestaba atención, y al pasar junto a un grupo de chicas que conversaban animadamente, entendió el motivo de su distracción: ese día era el quinto domingo del mes, y todos estaban felices porque ese día tenían permitido por reglamento salir de la escuela. Durante su castigo, Candy había aprendido el reglamento del colegio, y ya sabía que para que ella pudiera salir ese día del colegio, un familiar debía recogerla. Y sonrió internamente al pensar que, aunque no hubiera visto a los chicos en misa, de seguro ya estarían preparándose para reunirse con ella más tarde.

-¿Te has enterado Candy?- escuchó de pronto a sus espaldas una voz que, por lo familiar, le resultó desagradable, lo que la hizo encogerse de hombros- la tía abuela está aquí en Londres, y como hoy es quinto domingo, saldremos de paseo con ella.

-Me parece bien Neal- contestó Candy, tratando de parecer indiferente, y sin voltear a verlo.

-A decir verdad- continuó el chico con sorna- a mi me parece aburrido. Pero soy de la familia y estoy obligado a asistir cuando ella lo requiera. Puedes considerarte afortunada de que para ella tú no seas un miembro de la familia. Sólo vendrá por Elisa, por Anthony, por Stear y por mí.

Candy no pudo seguir fingiendo indiferencia, y salió corriendo. Y las palabras de Neal de verdad la habían lastimado, pues en realidad significaban que la Tía la culpaba de lo sucedido a los chicos, lo sucedido a Archie, uno de sus sobrinos favoritos, y que nunca se lo perdonaría. ¿Y cuál era el caso de seguir en ese colegio si probablemente muy pronto dejaría de ser parte del clan Andley?

Y sumida en esos pensamientos, Candy de pronto cayó de bruces en medio de su carrera. Confundida, volteó a los lados, y se encontró en medio del lugar al que ella había llamado “la segunda Colina de Pony” en honor al querido lugar en el cual había crecido.

-Una dama no corre de esa forma, ni atropella a los demás en su carrera- escuchó una masculina voz detrás de ella. Apenada, se puso de pie lo más pronto posible, y se dio la media vuelta, hasta quedar frente a un chico recostado en la hierba, que le dirigía una sonrisa burlesca, a quien reconoció como Terry Grandchester.

-Lo siento- contestó Candy- no vi por donde corría.

-De eso me he dado cuenta- contestó el chico- tienes suerte de que nadie más te haya visto, y de que a mi no me guste andarme en chismes, de lo contrario tendrías problemas… y no creo que quieras volver a tu castigo cuando no has cumplido ni un día de libertad.

Candy apretó la mandíbula, no le gustaba la sorna con la que ese chico se dirigía a ella. Le pareció petulante y molesto.

-No puedes juzgarme por haber tropezado accidentalmente contigo- contestó Candy sin haber encontrado otro argumento para defenderse.

-Por haber tropezado conmigo dos veces, porque no es la primera vez que sucede, te puedo juzgar y hasta poner sobrenombres, a cambio de callar lo que sé sobre tu comportamiento- contestó él mirándola retadoramente, y Candy solo pudo recordar la voz de Archie diciendo “no me agrada” al referirse a Terry. Ante este recuerdo de la voz de Archie, Candy no pudo evitar comenzar a llorar.

-No necesitas ponerte dramática- dijo Terry poniéndose de pie y marchándose del lugar.

Candy se dejó caer en el suelo, abatida por la pena. La soledad a la que había estado forzada durante el último mes la había debilitado. Deseaba fervientemente estar con alguien amable con ella, con alguien que la hiciera sentir apreciada. Tenía tantas ganas de ver a Anthony y a Stear.

-¡Candy!- escuchó entonces la apremiante voz de Stear.

La chica levantó la vista y vió como Stear se aproximaba corriendo hacia ella, seguido, aunque no tan de prisa, por Anthony.

-¡Stear! ¡Anthony!- exclamó la chica y corrió a su encuentro, abrazó efusivamente a Stear, a quien alcanzó primero, pero se separo enseguida de él y volteó a ver a Anthony, quien había fruncido el ceño, pero al cruzarse su mirada con la de Candy, cambió el semblante inmediatamente, pues la chica corrió a abrazarle, y este reencuentro fue más prolongado.

-¿Cómo estás Candy?- preguntó Anthony aún sin separarse de ella.

-Ahora estoy bien- dijo Candy, y luego deshizo el abrazo, mientras Stear se acercaba nuevamente a ellos- los extrañaba demasiado.

-Y nosotros a ti, estábamos muy preocupados por ti, pero lo peor ya ha pasado, ya terminó tu castigo- dijo Stear alegremente.

-Candy- preguntó Anthony preocupado- ¿has estado llorando?

-Yo… no…- tartamudeó Candy apenada.

-Claro que has estado llorando, ¿qué te ha pasado?- volvió a preguntar el chico con molestia en la voz.

-Es que… los extrañaba demasiado… y de pronto creí que no los vería hoy- contestó la chica tratando de no preocuparlos demasiado.

-¿Y porqué creíste eso Candy?- preguntó Stear del mismo modo grave que Anthony.

Y entonces la chica les narró lo dicho por Neal.

-Ese Neal…- dijo Anthony molesto.

-Pero no debes dejar que te afecte- dijo Stear- porque ya sabes que eso es lo que él quiere. Además, nosotros no iremos a ningún lugar que tú no seas invitada, tenemos varios días planeando pasar esta tarde juntos, y ya tengo preparadas varias cosas ¿cierto Anthony?

-Es cierto- dijo Anthony alegrando la voz- ¿estás preparada para una explosión?

-¡No digas eso!- exclamó Stear- no he inventado nada que pueda ser explosivo en esta ocasión.

-Eso está por verse- contestó Anthony, y mientras volteaba a ver a Candy, su rostro se volvió grave otra vez.-Candy- le dijo- por un momento, al encontrarte llorando, pensamos que ese Grandchester te había faltado el respeto de alguna forma.

-¿Qué?- preguntó Candy sin entender de pronto el giro en la conversación- ah… no… aunque creo que yo le molesté a él- y entonces les contó también lo ocurrido unos minutos antes de que ellos aparecieran.

-Ten cuidado con ese tipo- dijo Stear- puede volverse una verdadera pesadilla.

-Si te molesta, nos lo tienes que hacer saber- dijo Anthony seriamente.

Candy y los chicos caminaron por el bosque del colegio con rumbo a un destartalado almacén que Stear usaba como su laboratorio. Se sentían muy bien de estar juntos, así que a cada paso su conversación se animaba un poco más. Hablaron de ese último mes, de lo que fue para Candy estar confinada en una habitación sin nadie con quien hablar, y de lo que fue para cada uno de ellos perder a Archie de la manera en que sucedió, y como aún les costaba creerlo.

Mientras hablaban, llegaron al laboratorio, donde Stear había llevado anticipadamente algunos sándwiches y bebidas para almorzar, y como todos llevaban hambre, decidieron hacerlo de una vez. Pero a la par, Stear, emocionado, le mostraba sus nuevos inventos a Candy, esos que había empezado a preparar desde que los chicos llegaron a Londres, y que no había tenido tiempo de enseñarle antes.

-¿Y esto qué es?- preguntó Candy tomando un objeto de forma esférica con su mano libre.

-Yo que tú no haría eso- contestó Anthony riéndose un poco- no olvides que los inventos de Stear tienden a explotar o hacer combustión espontánea.

-Lo olvidaba- dijo Candy, y sin querer, soltó el objeto.-¡Oh! Lo siento Stear- dijo Candy mientras caminaba para alcanzar el objeto que rodaba hasta la puerta.

-Espero que no se haya dañado, es un aparato muy sensible- dijo Stear, quien también salió tras el objeto.

Pero justo al alcanzarlo, la puerta se abrió de golpe.

-¡Así que aquí estaban!- habló molesta la religiosa que estaba frente a ellos- sus familiares hace horas que los están esperando.

-Pero no nos esperan a los tres, ¿verdad?- contestó Anthony con algo de molestia en la voz.

-No, solamente a ustedes, señores Brown y Cornwell- contestó la monja.

-Es precisamente por eso que no vamos- contestó Stear también molesto- porque Candy es de nuestra familia, y ella también debe estar con su familia hoy.

-Cualquier queja que tengan, deberán hablarla con su familiar que los espera, pues es ella quien lo ha dispuesto de esa forma. Pero de ningún modo harán quedar en entredicho a nuestra noble institución con su comportamiento. Así que, salgan de aquí ahora mismo.

La mujer habló con tal autoridad, que los chicos sintieron que debían obedecer, si bien, estaban muy molestos.

-No te preocupes Candy- dijo Anthony- sé bien como es la tía Elroy… y si te hace un desaire me va a escuchar.

La religiosa sostenía la puerta abierta, y los chicos salieron del laboratorio, y a regañadientes fueron detrás de la religiosa hasta el edificio principal. Aunque Candy caminaba con lentitud, tratando de quedarse rezagada para no enfrentar a la tía, Anthony y Stear no le permitieron separarse de ellos. Estaban empeñados, más que nunca a hacerla sentir parte de su familia.

Al llegar al edificio, la religiosa los condujo hasta una habitación, muy cerca de la dirección, y los hizo pasar. En esa habitación, se encontraban la tía Elroy, junto con Neal y Elisa.

-Ya era hora que aparecieran- dijo molesta la señora Elroy en cuanto los vio llegar- me parece inaudito que después de estos meses, sus modales hayan empeorado al punto de hacerme esperar tanto tiempo por ustedes.

-No sé porqué le extraña, tía- interrumpió Elisa con sorna- si con ellos viene la razón de su mala educación.

-¡Elisa!- habló molesto Anthony- ¡sabes que no debes hablarle así a Candy!

-¡Silencio Anthony!- recriminó la tía- Elisa tiene razón, siempre ha sido una mala influencia para ustedes, no ha traído más que desgracias a la familia…- un nudo se apoderó de la garganta de la mujer, y bajó el tono de su voz- yo no quiero verla.

-Tia, por favor- habló Stear- no puede usted también creer que todo lo malo que sucede es culpa de Candy.

-¿Y de quién si no, ha de ser la culpa?- dijo la señora recuperando su aplomo- todas las tragedias ocurren cuando Candy está presente, lo que le sucedió a la chica Britter, la muerte de mi sobrina, la de su doncella, y ahora, la de Archie- y al mencionar el nombre de su sobrino, la voz se le quebró completamente.

-Comprenda, tía- dijo Stear- esas son coincidencias, fatales, pero solo son coincidencias, no son obra de nadie.

-Pues yo apoyo a la tía- interrumpió otra vez Elisa- todo en la familia, e incluso en el colegio, sería distinto si Candy no estuviera cerca. No olviden lo sucedido con la chica O´Brien.

-¡No puedes seguir diciendo que Candy hizo eso!- habló Anthony con vehemencia.

-Pues nadie ha venido a decir quien es el verdadero culpable, y hasta entonces, ella sigue siendo sospechosa- puntualizó Elisa.

-Eso no es lo que estamos discutiendo ahora Elisa, cállate por favor- intervino Stear.

Candy se sentía abrumada, y se perdió en la conversación. Sabía que la mitad de las personas en esa habitación no lo querían cerca, que los dos chicos que la defendían y trataban de darle un lugar, eran los únicos que siempre estaban para ella, y de pronto temió que eso en cualquier momento pudiera cambiar. Se sentía fuera de lugar, con ganas de regresar un poco el tiempo, por lo menos para no dejarse convencer por los chicos de asistir a esa reunión en la que lo único que sentía era un fuerte rechazo. Quería correr, quería desaparecer, quería gritar… y sobre todo, quería encontrar al responsable de todas las cosas malas que pasaban a su alrededor, para suplicarle o exigirle que la dejara en paz, para decirle que estaba cansada de sentirse cada día más sola, pues todos la rechazaban, y no sabía cuanto más lo podía soportar. Era difícil nunca haber tenido una familia, y cuando por fin tenía el intento de una, no podía formar parte de ellos, porque las malas coincidencias a su alrededor no dejaban de ocurrir.

Y de pronto su atención regresó a la conversación, porque de súbito sintió un jalón en su brazo. Era Elisa, que intentando ser zalamera con la tía Elroy, le dio un jalón en el brazo tratando de sacarla de la habitación.

Y entonces sucedió, Candy, en un acto reflejo, sin pensarlo, trató de zafarse de Elisa empujándola con su mano libre, pero lo hizo con tal fuerza, que al soltar a Candy, la chica perdió el equilibrio, y cayó de espaldas, golpeándose en su caída la cabeza contra una mesa que había en la habitación recargada en una de las paredes.

-¡¿Qué has hecho?!- gritó la tía Elroy con los ojos muy abiertos, y junto con Neal llegó pronto al lado de Elisa, y se agachó tratando de tomarla en sus brazos- ¡Elisa, niña, reacciona por favor!

Pero Elisa ya no reaccionaría, pues su cabeza se abrió con el impacto y la sangre manaba profusamente de ella.

-¡La has matado!- gritó Neal- ¿no estarás conforme hasta que acabes con todos nosotros? ¡Has matado a mi hermana!

Continuará…




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martes, 12 de octubre de 2010

Asesina de sueños 08





Lo que no te mata te fortalece... así que no me odies, pues tal vez en el intento de asesinar tus sueños, éstos se hagan tan fuertes, que tomen vida propia, se hagan realidad y te conduzcan a la grandeza. Aún así, no me lo agradezcas, pues asesinar tus sueños no es por tu bien, si no por mi diversión, por eso soy la asesina de los sueños.


El capítulo de hoy se titula: Y al tercer día...

En medio de un sobresalto, Candy despertó y miró alrededor desorientada. Lo normal cuando duermes a deshoras. Percibió las penumbras alrededor de ella, y se incorporó lentamente en la cama, incómoda, tratando de recordar de que se había tratado el sueño que la había hecho despertar tan intranquila. Se llevó las manos al rostro para frotarse las sienes, tratando de estimular su memoria, y de súbito, no el sueño, sino la pesadilla de todo el día volvió a su mente. La chica del cuarto contiguo balanceando en el aire y la visión de sus amigos inconscientes se mezclaron en una sola.

-¡Anthony!- gritó sin pensar, mientras entendía en que momento se había desmayado. Al instante se abrió la puerta de su habitación y entró una figura iluminada en una luz ténue. Candy reconoció a la hermana Margaret, quien traía una bandeja en sus manos.

-Has despertado al fin- observó con seriedad la religiosa, y Candy no pudo evitar sonrojarse de la pena al recordar en cuantos problemas estaba metida.

-Hermana- habló Candy con un nudo en la garganta- ¿Qué pasó con Archie, Anthony y Stear? ¿Qué les ocurrió? ¿Cómo están?- preguntó con urgencia, pues aunque sabía que se avecinaba un castigo fuerte por haber recibido a los chicos en su habitación, ella se preocupaba más por los chicos que por su propia suerte.

-No lo sé Candy- contestó con una sincera preocupación en su voz- solo puedo decirte que la Hermana Grey me encargó no separarme de ti en ningún momento, y que te llevara a su despacho en cuanto despertaras. Ya sabes lo que te espera ahí. ¿Tienes la fuerza para afrontarlo ahora?

“No” respondió la chica en su mente. Por supuesto que no. Seguramente después de lo ocurrido con los chicos esa mañana, la expulsarían del colegio, además de que tal vez quisieran achacarle, como siempre, todas las cosas terribles que sucedían a su alrededor… achacarle la muerte de Paty… y llevarla presa. Claro que no estaba lista para eso, claro que se sentía débil. Y encima de todo, sus paladines no estarían para defenderla. Pero tal vez, en medio de las sanciones, podría conseguir la pequeña gracia de enterarse como estaban los chicos, y ese último pensamiento bastó para emitir una respuesta.

-Estoy lista para afrontar a la hermana Grey, y recibir el castigo merecido- contestó Candy con tanta seguridad, que la hermana Margaret, en su interior, sintió admiración por ella.

-Come un poco primeramente, y enseguida te llevaré con ella.

Media hora después, se encaminaban en silencio a la rectoría del colegio, cada una sumida en sus pensamientos.

-Adelante- contestó una severa voz en cuanto llamaron a la puerta.

Candy esperó a que la hermana Margaret pasara delante de ella, con la intención de cubrirse con su espalda y retrasar lo más posible el momento de enfrentarse a la directora, temiendo que su encuentro con ella terminara en una expulsión del colegio, y que esto desencadenara una expulsión de la familia Andley.

-Esconderse detrás de la hermana Margaret no la librará de nada de lo que tengo que decirle, si es que esa es su intención- escuchó Candy la voz de la hermana Grey, así que se resignó a salir de su escondite.

-Espere afuera hermana- dijo la directora dirigiéndose a la religiosa que acompañaba a Candy, así que esta hizo una reverencia y salió de la oficina, dejando sola a Candy con la hermana Grey.

-Señorita Candice White Andley- habló pausadamente la mujer mientras le dirigía una adusta mirada a la joven rubia- Es su tercer día en este colegio… y nunca desde que se soy directora del colegio había tenido la necesidad de llamar a mi oficina a nadie con tan reciente ingreso. Nunca desde la fundación del colegio un alumno se había metido en tantos problemas en tan poco tiempo.

-Hermana, yo…- habló Candy tratando de defenderse, tratando de explicar que nada de lo sucedido había sido su culpa.

-No interrumpa señorita. Sé todo lo que ha pasado, todos los problemas en los que se ha metido, y sé bien cuales fueron creados por sus compañeros y cuales por usted misma. Pero también debe estar consciente que si usted pusiera más atención cuando se le habla, si no fuera tan irreflexiva, irreverente, y se quitara esa falsa seguridad de independencia, y se quitara ese estigma que usted misma carga de ser diferente a los demás… si tratara en verdad de encajar y de comportarse como una dama, no estaría en ningún problema, y no estaría aquí ahora.

Candy se veía confundida, no alcanzaba a entender si las palabras de la hermana Grey eran un regaño o un consejo. No sabía que tan largo sería el sermón antes de ser castigada, expulsada o dejada en libertad.

-Si quiere que se lo diga más claro- continuó la directora viendo la expresión en el rostro de Candy- si usted me hubiera puesto atención el día de su ingreso al colegio, habría sabido con seguridad que las alumnas asisten a misa con el uniforme de gala, lo que habría evitado todos los conflictos con Patricia O´Brien. También se habría abstenido de recibir personas en su habitación durante un confinamiento, y más aún, hombres… y además de evitar su desprestigio, les habría evitado problemas a ellos…

-¿Qué pasó con ellos? Con Anthony, Stear y Archie… mi familia¿Cómo están?- preguntó Candy incapaz de contenerse más tiempo cuando la directora los mencionó.

-Creo, señorita Andley,-dijo mientras le dedicaba a Candy una de sus miradas más severas, lo que obligó a la rubia a bajar la cabeza- que no está entendiendo la gravedad de su situación, al punto que osa interrumpirme en lugar de permanecer en silencio, como debería hacer una verdadera dama. Preocúpese primero por su educación y por continuar en esta noble institución, que es lo que debe importarle a alguien de su posición.

-No puedo…-dijo Candy aún con la cabeza baja y mirando sus manos convertirse en puños sobre su vestido, y entonces levantó la cabeza y miró fijamente a la rectora- no puedo ser así de insensible. Nunca ninguna cosa podrá importarme más que la salud y la felicidad de quienes amo. De verdad hermana, no quiero molestarla, y tal vez yo no esté destinada para ser una dama, las normas de este colegio son demasiado severas para seguirles el ritmo, y además, todo se junta para demostrar que yo no debo estar aquí. Y de verdad, en este momento, no es importante lo que suceda conmigo, y no es importante para mí cuidar el buen nombre de una familia, cuando los miembros más importantes y queridos de esa familia han sido alcanzados por mi mala suerte. De verdad, hermana Grey, aceptaré todos y cada uno de los castigos que desee imponerme, y seré lo que usted quiera que yo sea… pero déjeme saber de Anthony, de Stear y de Archie, déjeme quitarme esta angustia primero.

Candy miraba con ojos suplicantes a la rectora, mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Sea porque Candy logró conmoverla, sea porque de todas formas, aunque recibir a los chicos en su habitación iba contra todas las normas del colegio, eran sus familiares y por tanto la chica debía ser enterada en cualquier momento de lo ocurrido con ellos, la mujer accedió a la petición de Candy.

-Está bien- habló- aunque no debiera hacer una excepción contigo, dada la gravedad de tu situación, la hermana Margaret te acompañará a verlos, solamente unos minutos, y después deberás regresar conmigo, para imponerte tu castigo.

Candy asintió en silencio, y la rectora se encaminó a la puerta seguida por la chica, y al abrirla se encontró con la hermana Margaret que en silencio aguardaba de pie.

-Acompañe a la señorita Andley a la enfermería, solo unos minutos, y regresen aquí enseguida- ordenó la hermana Grey, y en cuanto Candy salió de su oficina cerró la puerta.

Las dos marcharon nuevamente en silencio, y cruzando corredores y espacios abiertos, en unos minutos llegaron a la enfermería, donde otras religiosas, un sacerdote y un médico se movían laboriosamente. La hermana Margaret se acercó a una de las religiosas y le habló en voz baja y con movimientos rápidos, ambas voltearon a ver a Candy, quien no alcanzaba a escuchar su conversación, pero imaginaba perfectamente de que iba. La religiosa se puso pálida, y le hizo señas a Candy que se acercara.

-¿Tú eres familiar de los Andley?- le preguntó nerviosamente a Candy,

Ella, incapaz de pronunciar palabras, asintió.

- Sígueme entonces- dijo amablemente la religiosa, y llevó a Candy tras una cortina, a la habitación principal de la enfermería, donde varias camas se encontraban en dos hileras, pegadas a las paredes, y Candy buscó rápidamente con la mirada sobre las camas, notando que solamente tres de ellas estaban ocupadas. El corazón de Candy dio un vuelco al reconocer a Anthony en la cama más cercana a ella, y olvidándose de todo lo demás, se acercó a él.

-Anthony- dijo suavemente Candy al acercarse al chico rubio recostado, inmóvil. Candy notó que tenía una pierna en un suspensorio, y se sintió mal pensando que tal vez se la había roto en la caída. En un impulso, pasó una mano sobre la frente del chico para despejar sus cabellos, y su sangre se congeló al toparse con una vendaje que le rodeaba la cabeza, porque entendía que la caída había sido más fuerte de lo que ella había imaginado en un comienzo.

Pero al sentir el contacto de su mano, el chico rubio, poco a poco, abrió los ojos, hasta verla fijamente.

-Candy- dijo él demasiado bajo, como si le costara sacar el sonido, pero esforzándose por sonreir.

-¿Cómo te sientes?- le preguntó ella con una sonrisa que en verdad le salía del alma, pues hasta este momento, desde que ella volvió de su desmayo, había temido que su mala fortuna hubiera alcanzado al chico que más amaba. Pero esa sonrisa se mezclaba involuntariamente con lágrimas.

-No llores, pecosa- dijo Anthony tratando de levantar una mano hacia el rostro de Candy, pero hizo una mueca de dolor, y desistió de su intento.

-No te muevas- dijo Candy con preocupación.

-Estoy bien- contestó Anthony- dentro de lo que cabe. Solo es cosa de descansar, y pronto estaré como nuevo.

-Me alegro- contestó Candy. Y entonces ella pensó que se había preocupado en vano todo el día, Anthony estaba bien, y seguramente…

-¿Candy?- escuchó que la llamaron de la cama contigua. Y ella volvió el rostro, y se encontró con el de Stear, y lo vió extraño, pero pronto se dio cuenta que nunca lo había visto sin lentes… y que del rostro estaba mucho más golpeado que su primo.

-¡Pero Stear!- no pudo evitar exclamar Candy -¡como has quedado del rostro!

-Lo sé- contestó el chico- pero aunque no lo creas, me fue bien. Mis gafas se rompieron en la caida ¿sabes? Y fue una suerte que se me salieran antes de terminar de caer, o podría haber perdido la vista.

-Todos están bien, ¡cuanto me alegro!- dijo Candy- estaba muy preocupada por ustedes.

-Eso espero- dijo Stear entristeciendo el tono en su voz.

-¿Qué quieres decir?- contestó Candy, y en ese momento volvió el rostro a la otra cama ocupada en la enfermería, y no reconoció el rostro.-¿Quién es él?- preguntó Candy dándose cuenta que no era Archie el ocupante de esa cama -¿Dónde está Archie?- preguntó en un intento de corregir la pregunta anterior por la que era verdaderamente adecuada.

-No lo sabemos- contestó Anthony con un dejo de tristeza- desde el primer momento lo llevaron aparte de nosotros.

-¿Porqué?- preguntó alarmada Candy.

-Candy- contestó Stear viendo la preocupación de la chica- Los tres caímos de la soga. Si bien, mi daño no fue tanto por estar más cerca del piso, y aunque la caída de Anthony fue de mayor altura, no se hizo tanto daño como pudo suceder, porque tanto mi hermano como yo amortiguamos su caída.

-Y fue por mi culpa- dijo Anthony con los ojos llenos de lágrimas- que Archie recibió más daño que nosotros en la caída.

-No puedes culparte por eso- dijo Candy en un intento por hacerlo sentir mejor- los accidentes pasan, pero verás como todo sale bien, y…

-Desde que nos trajeron- la interrumpió nuevamente Anthony- Archie venía inconsciente, y mandaron traer médicos con urgencia, porque él se veía muy mal, e improvisaron una sala de operaciones, pero escuché que uno de los médicos dijo que no parecía que pudieran hacer mucho por él. Y sí Candy, fue mi culpa, porque…

En ese momento, se abrió una puerta al fondo de la enfermería, el lugar que habían acondicionado como sala de operaciones, y salieron dos médicos del lugar, con paso cansado y la mirada apagada, y se acercaron a los chicos.

-Lamentamos informarles…- fue todo lo que alcanzó a escuchar Candy, y no necesitó más para entender lo que había pasado. Tal y como Stear y Anthony le habían explicado, Archie recibió el mayor daño durante la caída, y acababa de morir en la mesa de operaciones.

Los detalles eran lo de menos, lo importante era que Archie, una de sus personas más queridas, había muerto, uniéndose a la cadena de accidentes y muertes que la rodeaban últimamente. Y Candy se sintió culpable… y se sintió mal porque Anthony se sentía culpable. Porque era ella la única que traía mala suerte a todos los que la rodeaban.

Los tres chicos lloraron, y lo más doloroso, sin duda, fue tratar de consolar a Stear, quien lloraba como un niño pequeño, ante la muerte de su único hermano, hasta que las religiosas, por instrucciones de los médicos, le dieron un sedante para que pudiera dormir.

Pero con todo y la pena, Candy tuvo que dejarlos, pues aún faltaba recibir su castigo. Así que, nuevamente acompañada de la hermana Margaret, después de despedirse de Anthony, y después de debatirse entre decirle “hasta mañana”, “espero verte pronto” o “lo de Archie no fue tu culpa”, se encaminó a la oficina de la directora, la hermana Grey, dispuesta a guardar silencio y aceptar lo que viniera.

Con nostalgia, Candy cerró el ventanal, lentamente cerró también las cortinas y se recostó de la manera que estaba vestida en la cama de su nueva habitación. Suspiró profundamente, decepcionada de saber que las cosas no estaban resultando tan bien como esperaba.

Hacía solamente tres días que había llegado a Londres e ingresado en el Real Colegio San Pablo, y ella, que ansiaba con toda su alma llegar a ese lugar para olvidarse de los rumores supersticiosos que en América corrían acerca de ella, ahora comprendía que podría correr, pero nunca esconderse, pues más tardó en llegar a Londres que los rumores en alcanzarla.

En tan solo tres días, Paty, la chica del cuarto de junto, había sido asesinada, ya no cabía duda, por alguien misterioso. Archie, uno de sus mejores amigos, había muerto de una forma completamente absurda, en un accidente que incluso puso en riesgo la vida de su hermano y de su primo.

Candy, después de una larga charla con la directora del colegio, estaba en un periodo de prueba, confinada a su habitación por un mes, y siempre acompañada por una religiosa que se encargaría de nivelarla para poderla mezclar posteriormente en las clases grupales.

Sin embargo, la chica estaba decidida a ser fuerte, a convertirse en una dama tal como la sociedad se lo exigía, porque, después de todo, cualquier cosa era preferible antes que pensar en alguna idea que pudiera separarla de Anthony.

Continuará…




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jueves, 2 de septiembre de 2010

Asesina de Sueños 07




¿Porqué en algunas ocasiones, no importa que tan bien obres, siempre habrá alguien que se aproveche de tu buena voluntad y te culpe de todo lo malo alrededor? Tal ha sido siempre el caso de la pobre Candy, aunque nunca fue tan grave desde que entré yo a dañar lo más posible esa serie hasta volvérselas trizas, jajaja. Después de todo, yo soy "la asesina de los sueños".


El capítulo de hoy se titula: Defensa Imposible


Candy se veía confundida, y no era para menos. Le parecía encontrarse en medio de una pesadilla, quizás sugestionada por todos los eventos que la rodeaban últimamente: la muerte de personas entrañables, combinada por la nula aceptación en un colegio donde pesaban más los orígenes y los recursos económicos que los buenos sentimientos, probablemente habían ocasionado que al quedarse dormida con un dolor en su corazón, su mente combinara todos los sucesos en uno solo, el cual sería una lógica continuación para los eventos que empezaban a formar parte de su vida diaria.

Pero no era una pesadilla, podía sentirse bien despierta, de pie en el umbral de una habitación, tratando de encontrar las palabras adecuadas para desmentir la calumnia que acababan de levantarle. Pero, ¿cuál era la forma adecuada de reaccionar? Estaba consciente de que en ocasiones anteriores, sus ansias por demostrar su inocencia no le habían servido de nada, cuando Elisa se encontraba cerca. Sin embargo, no se atrevería tampoco a culpar a Elisa. La muerte de la chica Patricia era demasiado hasta para ella.

Aunque Elisa, sin miramientos, repetía lo mismo una y otra vez, como si necesitara que su punto quedara muy claro: - Candy debe ser la responsable por esto, después de todo, no pudo tolerar el hecho de que Paty no haya aceptado ser su amiga. Es como cuando murió mi madre, Candy se las arregla para parecer inocente, pero siempre es ella la única que se encuentra cerca cuando estas cosas suceden.

Todas las chicas miraban a Candy y murmuraban entre ellas. Aunque solo algunas opinaban como Elisa, y encontraban lógico que Candy fuera la responsable de la horrible muerte de la pobre Patricia, después de todo, se trataba de una “dama de establo”, una huérfana vulgar, sin ninguna clase de modales, que se había sentido ofendida cuando Paty le había jugado la “inocente broma” de hacerla asistir a misa con un uniforme diferente al resto del colegio, poniéndola en el centro de las burlas. Ellas pensaban que era lógico buscar el desquite, ya que cualquiera lo hubiera hecho, pero que Candy se había extralimitado en su forma de desquitarse.

-Silencio señoritas- dijo la hermana Margaret en ese momento- esa es una acusación muy seria, y recuerden que uno de los mandamientos es no dar falso testimonio. Yo no digo que haya sido alguna de ustedes la culpable de la desgracia ocurrida a Patricia, pero quiero que permanezcan juntas y no salgan de este edificio hasta que esta situación sea resuelta. Voy a dar aviso a la hermana Grey, y aquí mismo quiero encontrarlas a todas cuando regrese.

Elisa, con una mezcla de voz asustada y petulante, replicó- hermana, no pensará dejarnos junto con…

-Todas juntas, he dicho- repitió la monja con voz seria, y se encaminó hacia la escalera que bajaba al piso inferior, y se detuvo justo antes de comenzar a bajar- y no quiero encontrarme problemas a mi regreso.

La monja dio media vuelta, y pronto desapareció de su vista. Las chicas se quedaron hablando en voz baja entre grupitos, sin dejar de voltear a ver a Candy, dejando claro que hablaban de ella, pero sin invitarla a formar parte de sus conversaciones.

La rubia chica, al igual que sus compañeras, se culpaba a sí misma, pues en menos de un año, era la sexta tragedia de ese tipo que ocurría alrededor de ella. Candy estaba segura que ella no era la culpable, por lo menos hasta donde ella recordaba. Sin embargo, ahora pensaba que ella era el único factor común en esas escenas, y aunque no entendía cual podría ser el móvil en común de todas estas muertes, la afectaban personalmente, pues en todos los casos se trataba de personas muy queridas, o con muchos conflictos en su vida. Y luego trató de desechar esa idea considerando absurdo la forma en que la culpabilidad la estaba afectando.

Poco tiempo pasó antes que un gran grupo de personas hiciera su aparición en los dormitorios de las chicas: la hermana Grey, directora del colegio, casi corría junto a la hermana Margaret, quien le seguía explicando los pormenores de lo ocurrido con Paty, seguidas de varias religiosas, todas maestras del colegio, y de un grupo de chicos, quienes extrañando la presencia de las chicas a la hora del desayuno, y al ver correr a las maestras, optaron por seguirlas para enterarse de primera mano lo que ocurría, pues debía ser algo muy importante para generar tanto desconcierto tan temprano.

Sin embargo, justo cuando las últimas religiosas entraban al edificio, una de ellas volteó y enérgicamente cerró la puerta, mientras decía en voz muy alta “esto no es asunto suyo”. Y los chicos, inquietos como eran, no tardaron en empezar a colarse por las ventanas que encontraron fáciles de abrir en el primer piso. Neal, Archie, Stear y Anthony estaban entre los primeros que lograron colarse, y de puntillas llegaron a la escalera, tratando de no hacer ningún ruido.

-Esto es muy grave- se escuchaba la voz de la hermana Grey- nunca había ocurrido algo así en este colegio.

-¡Fue Candy!- volvía a decir Elisa, como si estuviera segura que la rubia de verdad fuera la causante de la tragedia de Paty. La verdad es que Elisa misma no lo creía, pero no podía desaprovechar la oportunidad de culparla si con eso pudiera lograr su expulsión del colegio y librarse de su presencia.

-¡Silencio señorita!- dijo la hermana Grey- en verdad que esto se sale de mis manos, y tendremos que recurrir a un investigador para aclarar este hecho, pero hasta entonces, todas están confinadas a permanecer en este edificio. Hasta entonces, tienen prohibido seguir emitiendo juicios a la ligera, o serán llevadas al cuarto de meditación.

Los chicos por más que se esforzaban, no escucharon más, pues las mujeres bajaron la voz, y después bajaron apresuradamente, por lo que se vieron obligados a buscar un escondite en la planta baja, decididos a enterarse de más, en cuanto las monjas se descuidaran, antes de abandonar el dormitorio de chicas.

-¿Qué será lo que está pasando?- le preguntó Anthony a sus primos en voz baja.

-Lo que sea que esté pasando, la culpable es Candy, como siempre- dijo Neal en el mismo volumen, pero con una sonrisa malévola en el rostro.

-Eso no lo podemos asegurar tan a la ligera- contestó Archie mirándole retadoramente y apretando los puños.

-Pues si escuchan tan bien como yo, debieron escuchar las voces de las chicas diciendo que Candy es la culpable- volvió a contestar Neal sin amilanarse por la reacción de Archie, sabedor de que estaban quebrantando varias reglas como para arriesgarse a pelear a golpes justo en ese momento.

-La única voz que se escuchaba señalando a Candy, era, como siempre, la de tu hermana, y tú bien sabes que tanto ella como tú, no pierde oportunidad en tenderle trampas a Candy e incriminarla- contestó Stear aún más molesto que Archie.

-Sigan engañados si quieren- dijo Neal encogiéndose de hombros- pues no hay peor ciego que el que no quiere ver. Yo por mi parte, iré a ver que pasa.

Y salió de la habitación en que estaban escondidos, dejando a los chicos confundidos.

-Creo que nosotros también deberíamos ir a echar un vistazo, ¿no creen?- preguntó Archie a sus primos con la mirada clavada en la puerta.

-Vamos- contestó Stear- y podemos aprovechar para buscar a Candy y darle ánimos, tengo la impresión de que hoy nos necesita más que nunca.

Los hermanos se dirigieron a la puerta, pero Anthony no se movió de su sitio. Los chicos se extrañaron de que no los siguiera prontamente, y le llamaron desde la puerta. Anthony tenía la mirada perdida, como sumergido en sus propios pensamientos.

-¿Te sientes bien?- preguntó Archie.

-No realmente- contestó el aludido.

-Es natural primo, todos estamos igual de preocupados por ella- dijo Stear.

-Pienso que no importa cuanto me esfuerce, nunca podré protegerla de todo- contestó Anthony.

-Tal vez no, pero no perdemos nada con seguirlo intentando, ¿no crees?- contestó Archie.

-Lo olvidaba- contestó Anthony con melancolía- que ustedes no solo se preocupan por ella, sino que la quieren de la misma forma que yo.

-Primo, no estamos para hablar de eso ahora, recuerda que tenemos que investigar que ocurre antes de que se den cuenta que estamos aquí.

Y sin más palabras, los chicos salieron de la habitación que les servía como escondite, y al no captar ningún ruido proveniente de la planta alta, subieron lo más sigilosamente que pudieron por las escaleras, atentos a volver atrás en cualquier momento. Lo primero que vieron al terminar de subir la escalera, fue la pálida figura de Neal, como estatua de cera, petrificado en el pasillo, con la vista fija hacia el espacio abierto del interior de una habitación. No queriendo llamar la atención, se acercaron a él, y siguieron su mirada, sin hablar, para descubrir el motivo de lo que lo horrorizaba. Balanceándose involuntariamente, se encontraba aún el cuerpo inerte de Patricia O`Brian colgado de una viga, esperando por la llegada de alguien capacitado para decir que era lo que había pasado en ese lugar.

-Deberíamos entrar a ver más de cerca- susurró Stear.

-¿No te es suficiente con verlo desde acá?- preguntó Archie en el mismo tono.

-No es curiosidad- contestó Stear- si es que a eso te refieres. No puedo explicarte porqué, pero creo que tenemos que verla más de cerca.

-Ve tú si quieres- contestó su hermano- yo siento que ya he visto demasiado.

-Voy contigo- contestó Anthony. Y ambos entraron a la habitación de Paty, y dieron vueltas alrededor del cadáver sin decir una palabra, mientras Neal y Archie mantenían una pequeña discusión en susurros.

-A esto se refería mi hermana, y tiene razón- observó Neal.

-¿Qué estás insinuando?- preguntó Archie, solicitando la confirmación en palabras de lo que ya había entendido entre líneas.

-Ya lo sabes- contestó Neal- después de todo, recuerda que estas cosas solamente pasan alrededor de Candy.

-Deja de culparla, o de pronto olvidaré donde estamos, y te daré tu merecido por hablar de una dama de esa manera- y al decir esto, se dejó llevar por sus impulsos y tomó a Neal del cuello de su saco, mientras levantaba el puño izquierdo amenazadoramente contra él.

Pero justo en ese momento, escucharon abrirse nuevamente la gran puerta de entrada al edificio de la planta baja, y rápidamente, Archie soltó a Neal para hacerles señas a Anthony y Stear de que debían salir de esa habitación, mientras Neal corrió a la que sabía era la puerta de la habitación de su hermana a esconderse.

-Debemos escondernos pronto- urgió Archie.

-Si la orientación no me falla- dijo Stear-, la habitación especial, la de Candy, es la que está justo aquí- y al decirlo señalaba la puerta de su derecha.

Rápidamente los chicos entraron sin golpear a la habitación de Candy, quien en ese momento lucía muy agitada en el balcón.

-Chicos- dijo Candy tratando de no levantar la voz y acercándose rápidamente a ellos- ¿qué hacen aquí?

-Hemos venido a ver como estás, estábamos preocupados por ti.- contestó Anthony acercándose a ella y tomándola de las manos con preocupación.

-Nos enteramos de lo ocurrido- agregó Archie- y sabemos que Elisa quiere aprovechar para culparte, como siempre lo hace, pero no te preocupes, verás que no lo logra.

-¿Cómo se enteraron tan rápido?- preguntó Candy asombrada- si precisamente por eso no nos han dejado salir del edificio, para que no se haga un reguero con la noticia.

-Pero es que fue precisamente eso- contestó Stear- que al no acudir las chicas esta mañana a desayunar, todos notamos que algo raro pasaba, y cuando vimos llegar a la hermana Margaret y salir a prisa tras la hermana Grey y a las demás tras ella, sabíamos que algo grave ocurría, y decidimos venir para enterarnos, y para ayudarte si es posible.

-¿Para ayudarme en que sentido?- preguntó Candy mientras palidecía.

-Pues francamente, no sabíamos a qué debíamos ayudarte- contestó Stear- pero algo nos decía que si se trata de un problema de chicas, de seguro buscarán la forma de culparte. Aunque confieso que yo creía que se trataba de una falsa acusación de robo y estaba listo a probar un detector de mentiras que estoy inventando… pero aunque justo ahora no sé como ayudarte, algo se nos ocurrirá.

-Pues que bueno que no tendrás que usar el detector de mentiras, hermano- dijo Archie- porque estoy seguro que ese terminará en explosión como la mitad de tus inventos… esa mitad que no acaba sumergida en un lago, río o mar.

-Búrlate lo que quieras-contestó Stear algo molesto- pero no lo hagas ahora, que hay temas más importantes.

-Yo creo- dijo Anthony- que no deberíamos preocuparnos, aunque se vea horrible, yo creo que los que investiguen la muerte de Patricia llegarán a la conclusión de que la chica se suicidó, y de seguro encontrarán una nota suicida.

Los chicos se quedaron hablando, pero justo en ese momento, en la habitación de Paty, un hombre examinaba cuidadosamente la escena del crimen.

-Pues, aunque creo que es apresurado emitir un juicio solamente con esta evidencia, lamento informar que la señorita fue asesinada.

-¿Está seguro?- preguntó la hermana Grey- aunque nunca esperé algo así de Patricia, pero la forma como fue encontrada es clásica entre los sucidas, ¿o me equivoco?

-No se equivoca- dijo el detective, y aquí los más raro, hay una nota de suicido... es cierto, pero tendríamos que hacer más pruebas, pues esta chica no la escribió, y créanme, es muy fácil comprender que la chica fue asesinada, ya que, si no se han fijado, háganlo ahora, y se darán cuenta que no hay ningún banco a los pies de ella, ni ninguna silla, lo que implica que alguien más se encargó de colgarla, y no solo de eso, de limpiar la escena del crimen, previendo seguramente que yo buscaría por cielo, mar y tierra, hasta encontrar al culpable. Pero no se preocupen, ese bandido se va a enterar de lo que es un investigador profesional.

Desde la habitación de Candy, los cuatro tenían las orejas pegadas a la puerta, para escuchar lo más posible que ocurría en los pasillos, esperando que se despejara el camino para salir de ahí.

Sin embargo, la suerte no los favoreció, ya que pronto unos golpes sonaron a la puerta, y se escuchaban repetidos en el pasillo, como si fuera un eco, y todos comprendieron que las hermanas estaban llamando a todas las chicas al pasillo par informarles de las últimas novedades de la investigación.

-No podremos salir de aquí sin que nos descubran- se lamentó Archie- eso no es bueno.

-Entiendo- dijo Candy- tendrán problemas si los ven aquí.

-No solo nosotros, tú más- dijo Stear- por ser mujer.

-Creo que lo mejor será salir ya por el balcón- dijo Anthony, mientras tomaba una cuerda que parecía haber sido puesta a propósito junto al balcón.

-Sí, vayan por ahí, si yo justo estaba por bajar por esa cuerda para ir a buscarles, cuando ustedes llegaron, no se preocupen, está bien amarrada.

-Está bien, nos vamos entonces- dijo Stear- y no te preocupes, si te quieren hacer un problema, nosotros siempre haremos todo por ayudarte.

-Gracias chicos- dijo Candy- es bueno saber que ustedes me creen, y con eso me parece suficiente.

Los chicos trataron de bajar apresuradamente, primero Stear, luego Archie, y al final Anthony. Pero no habían considerado que bajar los tres al mismo tiempo era demasiado peso para la cuerda, la cual, mucho antes de que tocaran el suelo, se rompió de improviso, provocando que los chicos cayeran estrepitosamente, uno sobre otro, justo cuando Candy abría la puerta para salir de su habitación, por lo que el ruido proveniente del exterior, se alcanzó a escuchar por todos los presentes en el pasillo, y Candy, más preocupada por sus amigos que por ella misma y por ocultar el hecho de haber tenido visitas recientemente, corrió junto al balcón, solamente para ver, desde lo alto, los cuerpos de Archie, Stear y Anthony, inmóviles por la caída.

Y esto fue demasiado para la chica, quien lanzó un grito de dolor mezclado con terror, y se desmayó.

Continuará…


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jueves, 26 de agosto de 2010

Asesina de sueños 06



¿Alguna vez te has equivocado tanto, que quisieras retroceder el tiempo, y deshacer tus errores para continuar viviendo con la frente en alto? ¿Y sigues con frustración porque no has podido hacerlo? Pues no te quejes. ¿O de que forma esperabas aprender? Sólo cayéndote puedes aprender a levantarte. Aprende de tus errores, no los vuelvas a cometer, y siéntete afortunado de que son tus errores los que marcan tu vida, y que aún con ellos sigues viviendo. Agradece tu fortuna, pues tu vida no la controlo yo, la asesina de los sueños.

El capítulo de hoy se titula: Puedes correr, pero no esconderte.

Con nostalgia, Candy cerró el ventanal, lentamente cerró también las cortinas y se recostó de la manera que estaba vestida en la cama de su nueva habitación. Suspiró profundamente, decepcionada de saber que las cosas no estaban resultando tan bien como esperaba.

Hacía solamente tres días que había llegado a Londres e ingresado en el Real Colegio San Pablo, y ella, que ansiaba con toda su alma llegar a ese lugar para olvidarse de los rumores supersticiosos que en América corrían acerca de ella, ahora comprendía que podría correr, pero nunca esconderse, pues más tardó en llegar a Londres que los rumores en alcanzarla.

El trayecto fue relativamente tranquilo, en medio del frío y la niebla del Océano Atlántico, Candy viajó con George a bordo del Mauritania, sin mayores anécdotas que la emoción que sentía por viajar tan lejos por mar por primera vez en su vida, y el encuentro en la cubierta del barco con un chico que de lejos le dio cierto aire a Anthony, pero ya de cerca no se le parecía en nada, así que no fue importante para ella.

Cuando llegó a Londres, los chicos esperaban con ansias por su llegada en el puerto, y Candy emocionada los vió junto con George desde la cubierta, y ni bien terminó el barco de atracar corrió a su encuentro. Se abrazaron felices, y milagrosamente lograron convencer a George de que antes de llevarlos a encerrar al colegio, los dejara dar un pequeño paseo para ponerse al corriente con Candy.

Archie manifestó ser el único que había extrañado a la chica desde el día en que, sin avisar a nadie, había abandonado la mansión. Claro que Stear y Anthony le propinaron sendos golpes en los flancos por imprudente, tanto en el sentido de que todos la habían extrañado, y Anthony más que los otros, si se puede, como porque su comentario podría incomodar a Candy, pues antes de la llegada de ella a Londres, los chicos habían acordado que no harían nada por hacerla recordar los malos momentos que súbitamente se habían generado alrededor de ella.

Después de unas horas, por fin llegaron al colegio, donde una a una las decepciones se comenzaron a acumular. Primeramente, Candy se sintió abrumada por las estrictas reglas de etiqueta, pues en cuanto cruzó el umbral de la entrada, fue amonestada por retrasarse en la hora de llegada. Sin más preámbulos, fue conducida hacia la oficina de la directora del colegio, debiendo separarse de los chicos, y con una nueva amonestación instantánea por no conocer que estaba prohibido conversar en los pasillos en voz alta. Apenas empezaba a asimilar la información cuando entró a la oficina de la hermana Grey, directora de la institución, quien durante varias horas le estuvo hablando de todas las normas que regían el colegio.

Por fin en su habitación, Candy pensaba que todas las reglas y normas, por más aburridas que resultasen, podrían valer la pena, si encontraba la forma de pasar más tiempo con Stear, Archie y Anthony, cuando llamó a su habitación una jovencita que le pareció muy agradable, Patricia O´Brien, quien se ofreció a darle un recorrido por las salas comunes de la escuela.

Candy empezaba a encontrar el lado bueno, ya que esa chica parecía haberla aceptado con tal facilidad, que, pensaba Candy, parecía lo más seguro que no tendría ningún problema para adaptarse. Más pronto comprendió que se había alegrado demasiado rápido.

Durante el recorrido, Patricia, que previamente le había dicho a Candy que podría llamarla Paty, le mostraba las instalaciones de la biblioteca, y justo iban de salida, cuando la puerta se abrió y entró un grupo de chicas. Candy sintió que la sangre se le iba de golpe a la cabeza cuando reconoció entre esas chicas a Elisa Leegan.

-¡Elisa!- dijo Candy con sorpresa, justo antes de reflexionar que aunque lo hubiera deseado, no era posible tratar de esconderse, pues tarde o temprano habría sucedido esa confrontación.

-¡¿Qué haces aquí?!- preguntó con coraje la chica, a quien también le había tomado por sorpresa encontrarse de frente a alguien que hubiera deseado no volver a ver nunca en la vida.

-Ah, pero ya se conocían- interrumpió Paty sin notar la tensión entre ambas chicas.

-Claro que la conozco- dijo Elisa bastante enojada- lo suficiente para no haber creído nunca que una persona como ella fuese admitida en este colegio.

-¡Elisa!- dijo Candy gravemente, adivinando lo que estaba a punto de ocurrir.

-¡No me hables como si fueras de mi nivel!- gritó sin hacer ningún esfuerzo en contenerse-¡eres una huérfana venida a más, gracias a quien sabe que artimañas! Pero para mí siempre serás una sirvienta, la sirvienta desterrada que robó objetos de mi familia… ¡la sirvienta que asesinó a mi madre!

Al decir esto último, Elisa lloraba con rabia, y Candy no atinó a defenderse. Por si fuera poco, hubo demasiados testigos de ese encuentro, y todos miraron con repulsión a Candy.

-¡Vamos Paty!- ordenó Elisa jalando a la chica por un brazo- si sabes lo que te conviene te alejarás inmediatamente de ella.

Y se marcharon dejando a Candy en medio de miradas y rumores, que la chica no pudo soportar, y salió corriendo de la biblioteca, a pesar de que estaba prohibido correr por los pasillos. Por suerte para Candy, ninguna de las religiosas la vio en su carrera, pues eso habría ameritado una seria sanción. Y corriendo, se detuvo de pronto en un pequeño bosque, lejos de cualquier mirada indiscreta, y se tumbó sobre la hierba a llorar.

De pronto, Candy sintió una mano sobre su hombro, y asustada, se incorporó de pronto, para encontrarse, al fin, con una cara amiga.

-Supe lo que ocurrió en la biblioteca- dijo Archie, mientras la ayudaba a levantarse -pero sabes que no debes hacer caso a las intrigas de Elisa.

-Es que… -se interrumpió la chica. Su cabeza estaba demasiado desordenada. No esperaba compañía justo en ese momento, así que no encontraba nada que responderle. De lo único que estaba consciente Candy en ese momento, era que, cualquier cosa que estuviese ocurriendo alrededor de ella, la había alcanzado en Londres.

-No me digas, nada, ven conmigo, sé como alegrarte- y sonriendo, y sin dejar replicar a la chica, la tomó de la mano y la condujo por unos cuantos metros, hasta llegar junto a Stear y Anthony, que sonrientes esperaban por la chica.

Tan solo de verlos, Candy comenzó a sentirse mejor, pues en los rostros de ellos no había dudas, ni recelos, no había sombra alguna que indicara que los rumores sobre Candy les afectaban del mismo modo que al resto de la gente. Esos chicos eran sus amigos, y más que eso, eran su familia.

Y ellos pensaban igual, estaban más que indignados, es cierto, pero eran capaces de hacer lo que fuera por no lastimar a Candy, y sabían que en ese momento, lo mejor era distraerla, y hacerla sentir querida, y en confianza con ellos, los únicos capaces en ese momento de aliviar sus penas.

Después de algunas horas, Candy regresó a su habitación sintiéndose mejor, sabiendo que no estaba sola, pensó que podría afrontar cualquier rumor, y que tarde o temprano, a base de fortaleza interna y oídos sordos, tal vez podría hacer que desaparecieran. Eso pensaba, cuando al abrir su puerta, se topó con una nota que alguien había deslizado. La levantó y leyó que al día siguiente debía presentarse temprano en la capilla, vestida con ropa informal. Y leyó al calce la firma de Paticia O`Brien, y pensó que tal vez, después de todo, la chica no había sido afectada por las palabras de Elisa, y que podría llegar a ser su amiga.

Pero a la mañana siguiente su nueva esperanza se volvió a derrumbar, al darse cuenta que todos los alumnos del colegio, sin excepción, asistían a la capilla con el uniforme de gala, y que la volteaban a ver y murmuraban sobre ella. Y aún más, cuando vió a Paty caminar junto a Elisa y otras chicas. Candy trató de regresar a su habitación y corregir su error, cuando la hermana Grey, la directora del colegio, la reprendió por lo incorrecto de su vestimenta, mientras todos los que la observaban se reían de ella.

Anthony, Stear y Archie, habían sido testigos de la escena, y se apenaron por Candy, y planearon buscarla al terminar la misa, pues sabían que la chica necesitaría ser animada.

Sin embargo, las oraciones duraron más de lo normal, pues de improviso, en medio de la celebración, entró un joven con una pinta mucho más informal que la de Candy. Ella, como todos, se volvió a verlo, y le sorprendió descubrir que era el mismo chico que había visto en la cubierta del barco, ese a quien torpemente había confundido con Anthony.

El chico hizo enojar a la directora y al sacerdote, pues además de tarde y desarreglado, insultó a todos los asistentes, para posteriormente salir sin hacer caso de las exigencias de tomar asiento y guardar silencio. Todos en la capilla empezaron a murmurar acerca de el chico, y Candy alcanzó a entender que se trataba de el hijo de un duque.

Al terminar la ceremonia, Candy pensó que sería mejor internarse nuevamente en el bosque del colegio, para no soportar las miradas burlonas de sus compañeros. Tenía mucho que pensar. Realmente, las cosas no estaban saliendo como esperaba. No solo los rumores la habían alcanzado, sino que la persona que más la detestaba en el mundo se había encargado de difundirlos, y de robarle la única posibilidad que hasta el momento había tenido de tener una amiga.

Le agradaba estar cerca de Anthony, Stear y Archie, era cierto, pero ahora se daba cuenta de que estaba acostumbrada a que ellos la rescataran, como en la ocasión en que conoció a cada uno de ellos, se había sentido rescatada de las maldades de Neal y Elisa. O cuando la invitaron por vez primera a un baile, y la habían tratado como una dama. O cuando habían convencido a su tío abuelo que la adoptara en la familia, rescatándola así de un largo viaje a un país desconocido donde su destino era ser sirvienta. Pero en los últimos meses no habían podido rescatarla de todas las cosas terribles que ocurrían alrededor de ella, por las cuales la culpaban todos los demás. No eran capaces ahora de rescatarla de todas las cosas que estaba segura podría planear Elisa para hacer que nunca fuera aceptada por los demás alumnos del colegio, y Candy no estaba segura cuanto tiempo podría aguantar sin desmoronarse.

Candy caminaba sin ver realmente a donde la conducían sus pasos, completamente enfrascada en sus pensamientos, cuando de pronto, tropezó con algo y cayó de bruces al suelo. Y de pronto se dio cuenta que no era algo, sino alguien, el mismo chico que había importunado en misa, quien descansaba sobre el césped, con un cigarrillo en la mano.

Por un instante, Candy pensó que el encuentro no sería tan desagradable como tratándose de cualquier otro compañero, ya que él no se había reído de ella por equivocarse de uniforme (aunque el error fue provocado), y parecía lo bastante desconectado de los demás como para seguramente no dejarse llevar por ninguna clase de rumor de los que circulaban alrededor de ella desde América. Candy se disculpó por haber tropezado con él, sin embargo, el chico fue demasiado rudo con ella, como si su sola presencia resultara ofensiva, y estaba a punto de hacerse de palabras con él, cuando de pronto Anthony, Stear y Archie aparecieron en el lugar, y el chico se marchó sin decir nada más.

-No me agrada- dijo molesto Archie mientras veían como se alejaba el muchacho.

-¿Ya lo conocías, Candy?- preguntó Stear con algo de asombro.

-Sí… de cuando venía en el barco- contestó Candy- creo que le desagradé desde que lo confundí con Anthony.

-¿Y porqué lo confundiste conmigo?- preguntó Anthony con un tono de molestia.

Candy no se atrevió a contestar que tal vez lo había confundido porque extrañaba demasiado a Anthony y deseaba verlo más que nada. Tal vez a solas se atrevería a decírselo, pensó, pero no estaba segura.

Los chicos le platicaron lo que sabían de ese muchacho. Que su nombre era Terrence Grandchester, hijo de un duque, quien se encargaba de sufragar la mayor parte de los gastos del colegio, y que seguramente por su dinero era que el chico se la pasaba probando la paciencia de la directora, sabiéndose intocable. Se notaba que a ninguno de ellos le agradaba, y Candy pensó en que a estos chicos el dinero no les cambiaba el carácter, ni su forma de valorar a las personas por ellas mismas, y de pronto se sintió mejor, pensando en que no necesitaba ser aceptada por dinero ni por rumores, sino por el cariño sincero de verdaderos amigos, y dejó de mortificarse por lo que estaba pasando en relación a Elisa y las demás chicas del colegio.

Y entonces se sintió libre para contarles a los chicos lo que había ocurrido con la nota de Paty y el uniforme, y aunque ellos se molestaron, ella les dijo que no se preocuparan, pues de pronto no le importaba tratar de encajar con gente que era como el hijo del duque de Grandchester, capaz de juzgar a la gente solo por lo que poseía y aprovecharse de eso para hacer su voluntad.

Y con esas palabras, se despidió de los chicos, prometiendo que tratarían de encontrarse en ese lugar en todos los momentos libres que tuvieran. Los chicos se asombraron de la forma en que Candy tan milagrosamente hubiera recuperado su buen ánimo, aunque decidieron que debían permanecer pendientes de ella, pues sabían que en cualquier momento, toda su fuerza de voluntad podría flaquear.

Y desafortunadamente, no se equivocaban, pues justo cuando Candy, en su versión optimista, entraba a su habitación, una de las religiosas encargada de su educación llamó a su puerta, avisando que traía correspondencia. Candy se asombró cuando vió el sobre, escrito por la Hermana María, del hogar de Pony, y lo abrió ávidamente, solo para enterarse por ese medio que la señorita Pony había fallecido justo el día en que ella decidió aceptar la propuesta de los Andley de ir a estudiar a Inglaterra.

De súbito, Candy comprendió la prisa de la señorita Pony por alejarla del hogar, por alejarla del pensamiento de que su sola presencia era capaz de causar la muerte. Y Candy lloró amargamente, por la señorita Pony, a quien tanto amaba, pues había sido una madre para ella, y porque ahora eran cinco muertes las que la rodeaban, y otra vez se convencía de que ella había sido la responsable, y tuvo temor de que en cuanto esto se supiera en el colegio los insultos y el desprecio de sus compañeros crecieran con más fuerza contra ella.

Y cansada de llorar, se quedó dormida, solo para despertarse con un grito de terror. Alguien abrió la puerta de su habitación al mismo tiempo que ella se incorporaba de la cama y se percataba de haberse quedado dormida con la misma ropa que usaba el día anterior.

-Algo terrible ha ocurrido, salga al pasillo ahora- ordenó la hermana Margaret, la encargada de los dormitorios de las chicas.

Candy salió apresuradamente, y se encontró a todas las chicas ya reunidas en el pasillo, que la miraban con odio. Y ella no acertaba a comprender como parecía que esta mañana la odiaban más que la noche anterior.

-¡Fue ella!- gritó acusadoramente Elisa -¡después de todo, estas cosas suceden solo cuando ella está cerca!

-Esa es una acusación muy grave señorita- interrumpió la hermana Margaret.

-¿Qué pasa?- preguntó Candy confundida, pues no alcanzaba a distinguir si la acusación a que se refería la hermana Margaret era sobre algo reciente o sobre algún suceso antiguo.

-¡No te hagas la que no sabes!- gritó nuevamente Elisa con impaciencia- no puedes disimularlo, su habitación está junto a la tuya, así que es lógico que fuiste tú.

-¿Su habitación?- preguntó Candy en voz baja, más para si misma que para los demás, pues no estaba entendiendo nada de lo que ocurría. Trató de recargarse en la pared, para aclarar sus ideas, cuando de pronto cayó de espaldas, y al levantarse, se dio cuenta que el espacio donde había tratado de recargarse pertenecía a una puerta que se encontraba abierta, y volteó al interior de la habitación a la cual pertenecía la puerta, y entonces entendió de que trataba la acusación, y el grito de terror con el cual se había despertado. Y ella también lanzó un grito de terror.

La habitación pertenecía, sin temor a equivocarse, a Patricia O`Brien, pues en estos momentos, se distinguía claramente que era Patricia la chica que colgaba de una cuerda, sujeta en medio de la habitación a una viga del techo, y que a leguas se notaba que llevaba muchas horas ahí, pendida sin vida, con la cuerda alrededor de su cuello roto.


-De esta no te salvas- dijo Elisa entre dientes- podrás correr, si quieres, pero nunca esconderte.

“De esta no me salvo” pensó Candy.

Continuará…


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