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lunes, 19 de diciembre de 2011

Merodeando con las Valkyrias




Cancún, paraíso terrenal.Por Isarose


¡Hola, hola! Pues si, tuve la oportunidad de viajar a Cancún en el Estado de Quintana Roo al sureste de México. Es una ciudad con desarrollo turístico de nivel internacional certificado por la Organización Mundial del Turismo. Hay dos versiones sobre el origen del nombre, de acuerdo pronunciación maya, la primera versión es "nido u olla de serpientes" y la segunda versión es "lugar de la serpiente dorada", esto es debido a que la isla de Cancún tiene una forma de "7" y en el amanecer aparenta una forma de serpiente dorada por el reflejo del sol.



Es un lugar tan bello que quisieras quedarte a vivir ahí o al menos regresar alguna vez. Un mar como ninguno, aguas tan cristalinas que al reflejar el cielo dan tonalidades turquesa, las playas con arena tan blanca y el clima siempre agradable. Se dice que en invierno lo más que ha bajado la temperatura es a 13 grados centígrados. Excelente para quienes vivimos en ciudades donde el termómetro llega al bajo cero.
Estuve allá por cuatro días, créanme no hay tiempo que alcance para ver tanta maravilla. Llegué por la noche así que lo primero que hice fue dejar maletas en el Hotel Krystal, comprar dos paquetes todo incluido para pasear los siguientes días y salir a cenar. El lugar elegido fue el famoso Hard Rock Café. Claro que lo primero que hice al llegar fue buscar a mis amados Beatles. Mientras cenaba disfruté de videos de rock de los 80`s en la gran pantalla que estaba junto al escenario y partir de las 10 de la noche música en vivo.




A la mañana siguiente llegó un camión por todos los que íbamos a ir al paseo al parque ecológico Xcaret en la Riviera Maya. El guía, por cierto llamado Antonio, era muy amable y alegre, se la pasó contando chistes durante el trayecto. Nos explicó las actividades a realizar, lo que estaba permitido y lo que no. Por ejemplo, algo muy importante es que sólo debes usar protector solar hecho con ingredientes naturales pues se puede dañar a la flora y fauna del lugar. Así que todos a comprar un protector biodegradable y una cámara acuática para poder tomar las fotos del recuerdo ya que lo demás se queda en los lockers que hay al entrar.




La primera actividad del día fue nadar en un río subterráneo, hay dos opciones, uno completamente cerrado y otro con espacios por donde entra luz del exterior, así que mis compañeras de viaje y yo elegimos este último. Es muy seguro y no es necesario que sepas nadar pues no es muy profundo. Te prestan máscara de buceo, el esnórquel (ese si te lo puedes quedar de recuerdo), aletas y chaleco salvavidas a la medida. Fue muy divertido. Al salir del río, entregas el equipamiento y recoges una bolsa con tus chanclas y toalla. Y ya que le tomé gusto a nadar pues me fui a una de las albercas naturales, agarré un salvavidas y al agua otra vez…Luego hicimos un recorrido para conocer los alrededores, pude ver: delfines, manatíes, tiburones, rayas, tortugas marinas, murciélagos, guacamayas, venados, flamencos rosas, monos y jaguares. Más tarde a comer en uno de los restaurantes que ofrecen gran variedad de pescados y mariscos. Disfruté de varios platillos deliciosos, de rica agua fresca de guanábana y una bella vista del mar. Después, admiré las ofrendas y la ceremonia Maya por el Dìa de Muertos. Al anochecer un recorrido por el Cementerio “Puente al Paraíso” y la Capilla San Francisco de Asís. Por último, fui al Teatro Gran Tlachco a disfrutar de “Xcaret México Espectacular” un recorrido por la historia de México a través de la música y los bailes típicos de cada región del país.

Al siguiente dìa nos embarcamos en Playa Tortugas rumbo a Isla Mujeres, al llegar fuimos directamente a nadar con los delfines, no recuerdo el nombre del entrenador pero sí el del delfín: “Ramses”. Sucedió algo muy lindo, en el grupo que nos toco nadar con Ramses se encontraba una pareja de Japón que llevaba un bebé de unos 2 años que lloró al sentir el frío del agua de mar pero en cuanto Ramses se acercó a ellos, el bebé dejo de llorar. Con razón existe la delfinoterapia, estos seres te llenan de una energía tan especial, te sientes renovado, feliz y tranquilo. Luego llegamos a la tienda a comprar algunos souvenirs y las fotos del nado con los delfines. Preguntamos por el precio de cada foto… ¡25 dólares! Desde ese momento el resto del viaje mis compañeras y yo bromeamos con la frase “25 dollars” cada que queríamos tomar una foto o cuando algún turista extranjero nos pedía una con nosotras.



De ahí nos fuimos en taxi hacía el parque “Garrafón” donde se pueden realizar actividades acuáticas y de deporte extremo. Visitar el faro, el jardín escultórico, el museo o los vestigios del templo maya de la diosa Ixchel. También puedes elegir descansar en una de las albercas o en las hamacas tomando algo refrescante…Lo primero que hice fue subirme a la tirolesa, luego me fui a una alberca con una pequeña cascada de frente al mar, realmente relajante. Llegó la hora de comer, otra vez platillos deliciosos, más tarde me fui a esnórquelear un rato pero como el mar estaba algo agitado mejor me salí.




Regresamos al muelle al anochecer. En el barco, se armó la fiesta pues pusieron música para bailar. Así que a divertirse. Finalmente llegamos nuevamente al embarcadero donde estaban por partir los recorridos nocturnos en barcos estilo pirata, realmente espectacular, nos quedamos un rato mirando y luego partimos hacia el hotel donde ya nos esperaba una deliciosa cena, luego salimos a dar un paseo por la playa.

Al día siguiente visitamos Playa del Carmen, regresamos a hacer algunas compras y terminamos el día cenando en el restaurante “El Mortero”. Más tarde fuimos a bailar un rato al Frog’s. Queríamos ir al famoso Coco Bongo pero ya no había presupuesto. Así que a dormir.

El penúltimo dìa, muy temprano nos fuimos a Tulum, para llegar a la zona arqueológica tienes que caminar un buen tramo desde la parada del camión pero es un recorrido muy agradable pues hay muchos árboles que te regalan su sombra refrescante. La entrada te cuesta solo 50 pesos y si llevas tu credencial de maestro o estudiante te hacen un descuento del 50% o entras gratis, depende del día de la semana que vayas. Bueno pues mis compañeras de viaje y yo paseamos por entre las ruinas, admirando los templos mayas y encontrándonos por el camino algunas iguanas y serpientes. Más cerca de la naturaleza no puedes estar. Luego del recorrido bajamos a la playa a jugar con la arena y nadar como chiquillas en el mar. Fue el día más divertido de todos, con poco dinero la pasamos de maravilla coleccionando recuerdos de tan bello lugar.

Llegó el día de partir así que me levanté muy temprano para observar la salida del sol desde la playa, luego de meterme una vez más al mar y recoger conchitas para mis sobrinos me despedí de Cancún, un paraíso en la tierra.


lunes, 7 de febrero de 2011

Merodeando con las Valkirias



Washington, D.C.

Un gran saludo a todos los lectores de la revista. En esta ocasión, estoy emocionada, no solo por poder hacerle el quite otra vez a la Valkiria viajera con la narración de esta edición, sino porque además de tener la oportunidad de viajar, cosa que me encanta, aproveché para reunirme con Lily y agregar una valkireunión a esta experiencia.


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Después de un viaje de 18 horas, llegué al Dulles International Airport de la Ciudad de Washington, D.C., que en realidad está en Chantilly, Virginia. Para mí resultó extraño llegar a un estado distinto al que viajaba, y temía cuanto tardaríamos en llegar por fin a nuestro destino. Pero tener esa interacción con Virginia, y con Maryland, no es extraño, debido a la longitud del Distrito de Columbia, de tan solo 177 kilómetros cuadrados, además de que este distrito creado especialmente para fungir como la capital del país y fundado el 16 de Julio de 1790, colinda al Suroeste con Virginia, y con Maryland por sus otros lados. De hecho, de las más de 671,000 personas que trabajan en Washington, el 33.5% vive en Maryland y el 22.7% en el Norte de Virginia.


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Ya desde el momento de llegar, me pareció un viaje mágico. Tal y como solamente había visto en películas y postales, las construcciones del mismo estilo antiguo se combinan perfectamente con el bosque que las rodea. Además del radical cambio de paisaje, noté mucho el cambio en el aire. La humedad del río y del bosque mantienen el aire puro, limpio y con un delicioso aroma a pino y otros árboles de la región. Lo que más sorpresivo me resultó de este lugar, y que no dejé de notar en los días siguientes, es que es un lugar bonito por donde lo veas. En todas las grandes y pequeñas ciudades, importantes o no, hay lugares bonitos y lugares descuidados. En todas las capitales mundiales encontrarás barrios marginados, graffitti y otras manifestaciones de delincuencia. Pero en Washington no encontré eso. Para donde volteaba, encontraba construcciones y edificios bonitos y bien cuidados. Se ve el lugar tan tranquilo, tan pacífico, que podría haber jurado que no existe el crimen en Washington, si no fuera porque justo antes de ir leí una novela policiaca sobre un asesino serial que se movía entre Virginia, Maryland y Washington... pero esa es otra historia.




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También es de notar, que las construcciones no son muy altas, esto porque de acuerdo a las políticas del lugar, ningún edificio debe ser más alto que la Casa Blanca, la residencia oficial del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Después de una noche de merecido descanso, a la mañana siguiente me levanté lista para conocer la Ciudad. Me puse mis botitas especiales para merodear, un pantalón cómodo, una buena chamarra, bufanda, gorro y guantes y salí a caminar, para familiarizarme con el aire del lugar. El hotel en el que nos hospedamos, está situado en Connecticut Avenue, casi donde comienza la avenida, así que mi paseo lo inicié hacia el otro lado.




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Aunque es una avenida importante, el tráfico estaba supertranquilo. Apenas habíamos andado un par de cuadras, cuando me encontré con la Universidad del Distrito de Columbia, y con un sinnúmero de letreros que indicaban los caminos hacia las diversas embajadas de distintos países.




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Así que caminé por una calle, que más parecía carretera, entre los diversos y bellísimos edificios que representan las embajadas de Pakistán, China, Brasil, Holanda, entre otras, y de pronto mi atención se vio capturada por los señalamientos de un museo cercano "Hillwood" del cual yo nunca había escuchado, y picada por la curiosidad, decidí ir de visita a mi primer museo en Washington.





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Este museo fue la mansión de la señora Marjorie Merriweather Post, famosa tanto por haber sido la dueña de la compañía de alimentos que fue fundada por su padre (la Postum Cereal Company, que después de la muerte del padre y del casamiento de ella con el financista Edward F. Hutton se transformó en la General Foods Corporation), además de diversas actividades filantrópicas y diplomáticas, como por ser coleccionista de arte; y por ello su propósito siempre fue convertir la mansión, a su muerte, en museo de exhibición del arte que coleccionó de entre los siglos XVI y XIX de Francia, Rusia, Inglaterra, entre otros. En 1955 compró la propiedad de 25 acres de jardines formales y bosques naturales. La mansión fue diseñada de tal forma que permitiera pasar fácilmente de una habitación a otra para ser recorrida como un museo. Cada pieza de la mansión está sobrecargada de lujo, llena de retratos, alfombras, muebles, objetos grandes y pequeños, llenas de historia y color. Además, hay en la propiedad otras construcciones que vale la pena recorrer, y hasta una cafetería, así como diversos y muy bellos jardines, como el jardín de rosas, el jardín de flores, el jardín francés, un jardín de estilo japonés, y hasta una terraza para admirar el paisaje, entre otras muchas cosas que ver.




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Claro, no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar el atractivo turístico por excelencia en Washington: el Lincoln Memorial (Monumento a Abraham Lincoln), muy cerca del río Potomac, colindante con el Estado de Virginia;
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yo pensaba que uno podía llegar como en las películas y hacer a solas un monólogo con la estatua de tan ilustre presidente, e incluso sentarse en sus piernas cual si fuera Santa Claus, pero el lugar está lleno de turistas y policías, así que mejor fue desechar la idea y contentarme con tomar fotografías.

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Este monumento está ubicado en un extremo del National Mall (la Explanada Nacional), donde además, se encuentran el espejo de agua (Reflecting Pool), el monumento a la Segunda Guerra Mundial, el monumento a Washington, más conocido como el Obelisco, el monumento a los veteranos de la Guerra de Vietnam, los Jardines de la Constitución, el monumento a la firma del Acta de Independencia, el monumento a los veteranos de la Guerra de Corea, y entre esto y el río está el West Potomac Park, donde hay muchos otros monumentos importantes, como el monumento a Thomas Jefferson.
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La Explanada Nacional, en sí, inicia en el Obelisco, pasa por varios edificios del museo Smithsoniano, por el monumento a Ulysses Grant, y termina en el Capitolio.




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Aunque originalmente no lo parecía (dijo la que se dejó llevar por las películas), la caminata por el lugar está tan larga, que aunque llegamos a mediodía, pronto nos oscureció, y tuvimos que volver al día siguiente para tratar de completar el recorrido. Además de que mi acompañante se cansó, y se rehusó a seguir caminando si no le tomaba una foto en estado de indigente.



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Otro lugar muy importante, es el cementerio nacional de Arlington, el cual está en Virginia, cruzando el río Potomac, situado sobre una colina que mira hacia Washington, D.C. Este cementerio fue establecido durante la Guerra Civil Estadounidense, y entre sus atractivos, está la tumba al soldado desconocido, abierta al público en 1932; también el memorial "Iwo Jima", el memorial del Transbordador espacial Challenger, el memorial a las víctimas del ataque del 11 de Septiembre de 2001 al Pentágono, la tumba del presidente John F. Kennedy, entre otras.


El recorrido por todo Washington lo puedes hacer dentro de un tour, o por tu cuenta, en taxi, e incluso en metro. Aunque el metro es una forma rápida y la más económica de llegar, no te lo recomiendo para tu primera vuelta, porque te pierdes toda la vista de la ciudad, y eso aunado a que en el metro te tratan como experto... la verdad es que por más cara de turista que pongas, y a leguas se te note que no entiendes como usar por primera vez la máquina expendedora de pases de abordar, no hay nadie que se acerque a auxiliarte, ni de las 20 personas que se desesperan haciendo fila atrás de ti, ni de los empleados de la estación. Pero Lily y yo somos muy listas y terminamos aprendiendo.

Cuando nos ganó el hambre, para comer nos detuvimos en un lugar de sandwiches, al fin que ahí abundan, y por lo que pude darme cuenta, hasta concursan cada año por ser el mejor de la ciudad, así que lo recomendable es ir a algún lugar de los que están compitiendo por ser el mejor, ya que se esmeran mucho con el servicio y la calidad de los productos, y a precios razonables. También, por tratarse de una capital mundial, todos los países del mundo tienen su embajada en Washington D.C., es fácil encontrar restaurantes de comida deliciosa de todas partes del mundo, para todos los gustos.




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Continuando con el aspecto cultural de la ciudad, no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar el museo Smithsoniano, el cual está conformado por:
el museo de Historia Natural,
el Museo del Aire y del Espacio,
el museo de Historia y Cultura Afro-Americana,
el museo de Arte Africana,
el museo de Arte Americana,
el museo de Historia Americana,
el museo de los Indios Americanos,
el museo de la Comunidad de Anacostia,
el museo de las Artes y las Industrias,
la Galería de Arte Freer,
el museo Hirshhorn y Jardín de Escultura,
el Zoológico Nacional,
la galería Nacional de Retratos,
la galería Renwick de Arte Americana
y la galería Arthur M. Sackler.


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Junto con el castillo, que son las oficinas administrativas, más otros museos situados en Virginia y en New York, suman un total de 19, y junto con el Parque Nacional y 9 instalaciones dedicadas a la investigación, se convirtierte en el museo más grande, no solo de la unión americana, sino del mundo.

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Omitimos visitar el zoológico (en Connecticut Avenue), porque el clima estaba muy lluvioso, pero no dejamos de ir al Museo de Historia Natural, y al Museo del Aire y del Espacio, el cual es el más visitado de la Ciudad de Washington, de acuerdo al guía de turistas que nos atendió.




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No necesito decir que los pequeños acompañantes se la pasaron de lo lindo en cuanto museo visitábamos, y lo mejor de todo, es que no solamente hicieron travesuras, sino que también aprendieron (algo).




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Otro museo que nos encantó encontrar, y que no teníamos contemplado, fue el de National Geographic, el cual está ideal para llevar niños, porque es muy interactivo. Por cierto, nos enteramos que los miércoles la entrada es gratis. Y como recuerdo del museo, no podíamos dejar de tomarnos nuestra fotografía en una portada de la revista.

Otra visita obligada en la ciudad de Washington, por supuesto, es la Casa Blanca, la residencia oficial del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, lástima que por escasez de tiempo solo la visitamos por fuera... pero a la siguiente no se nos olvida apuntarnos con tiempo en un tour.


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En resumen, en Washington encuentras lo mejor del mundo en paisajes, restaurantes, museos y sitios de interés.

Y como todo termina en esta vida, cuando menos acordamos terminó nuestro tiempo para merodear por Washington, no sin antes aprender valiosas lecciones acerca de como usar el metro sin asesoría, de programar tours con tiempo, visitar las tiendas de los museos para conseguir los mejores souvenirs, preguntar en los museos por los días gratis de visita, y la que nos pareció más importante a Lily y a mí,como abrir una botella sin descorchador.


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¡Hasta la próxima merodeada!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Merodeando con las Valkyrias




Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.


Marhta Medeiros (poeta brasileña).

Merodeando con las Valkyrias
Liubliana, ESLOVENIA.
Por Omar Velásquez Manzo

Bueno, finalmente después de 50 y tantos días de viaje y con 5 kilos menos de peso (revisados con báscula y que todo mundo me lo recuerda cada vez que me saluda desde mi llegada), ya estoy de vuelta por Tijuana después de un truculento regreso que implicó 2 pernoctadas en Amsterdam y en la Cd. de México, una fila de más de 3 horas en el Aeropuerto de Amsterdam, una nevada con ropa de verano, un equipaje que llego con un día de retraso a TJ ... Pero bueno, ya estamos contentos por estos rumbos (sin carro, porque está en el taller), tratando de recuperar el peso perdido a base de arracheras de medio kilo, filetes de pollo, licuados de proteínas y el regreso al gimnasio, aunque lo cansado no se me ha quitado y todavía me estoy yendo a dormir a las 1830 hrs... pero en fin....



Ahí les van unas poca fotos de Liubliana, capital de ESLOVENIA, país que formo parte de la antigua Yugoslavia y ahora es miembro de la Unión Europea (colinda con Italia, Hungría, Austria y Croacia)... Liubliana es una ciudad chica (270


The Liubliana dragon and me
 mil almas, según wikipedia), muy limpia, la gente ordenada, hay movimiento en la calle y vida nocturna (así que sus noches no son aburridas)... A pesar de ser país chico y nuevo (se independizó apenas en 1991), están tratando de hacer las cosas bien, no hay escándalos de corrupción, los niveles de vida son buenos y tratan muy bien a los turistas (las guías de la ciudad las regalan, no las venden como otras ciudades más concurridas, y su personal es súper atento, a diferencia de otras ciudades que en las oficinas de asistencia al turista te tratan como si te estuvieran haciendo un favor)... Su única desventaja es que Eslovenia ya tiene como moneda al Euro, lo cual encarece los precios... Me hubiera gustado haber pasado la semana completa pero ya andaba contra reloj y tuve que seguir mi camino a Italia.... Bien, ahí van algunas fotos (tomé muy pocas):



* Panorámicas del centro de la ciudad, que es cruzado por un pequeño rio (pequeño claro, si lo comparamos con los otros grandes ríos que cruzan capitales, como el Danubio, por ejemplo), y es súper nice, muy agradable, tranquilo, bonito, y con lugares para no aburrirse de noche...

The castle.


* Estatua del dragón de Liubliana, que es el símbolo de la ciudad, ya que según la leyenda esta ciudad fue fundada por el personaje de leyenda Jason (¿se acuerdan del cuento de "Jason y los argonautas"?) y en esa ciudad se escabechó a un dragón... Ahora el dragón lo estampan en camisetas y también lo ponen de mascota en campañas a favor de la limpieza y otras cuestiones...



* Vista del castillo de Liubliana, que al igual que otras antiguas ciudades (Praga, Bratislava, Cracovia, Tallin, etc.) se encuentra sobre un punto elevado dominando el resto de la ciudad (en tiempos viejos servía para defender mejor la posición). Conste que subí a dicho monte caminando....

* Fotos del hostel arriba del castillo de Liubliana... Insisto que viajar de mochilazo y quedarse en hostel es una excelente manera de conocer palomilla de medio mundo... Por lo tanto, sigo con mi mismo consejo a los solteros que leen estas palabras: NO SE CASEN TODAVIA.... Viajen ahorita que pueden, y viajen de esta manera (no agarren los tours de 5 noches y 4 días), porque después ni


crean que con sus respectivas señoras podrán viajar de mochilazo (les van a exigir hotel de 4 estrellas pa' arriba), y ni crean que los van a dejar cotorrear con las turistas de género femenino... Viajen ahorita y cásense después.... Total, lo bailado no se nos quitará... (aunque yo creo que bailé bastante, porque me veo bastante decaído en estas últimas fotos)...

Bueno, un saludo y síganla pasando bien....

jueves, 28 de octubre de 2010

Merodeando con las Valkyrias


Merodeando con las Valkyrias
Por Omar Velásquez Manzo.



Este es uno de los lugares que más me ha gustado en mi recorrido mexicano: Real de Catorce, San Luis Potosí, merecidamente designado por la SECTUR como "pueblo mágico" (bueno, es raro que un lugar no me guste). El pueblo tiene tan solo 1000 almas, pero, a pesar de ser un pueblo tan pequeño, hay tanto qué decir sobre él (de plano, confieso que me entusiasmé demasiado con el lugar).

Para empezar, lo original empieza desde el traslado hacia el pueblo. Para llegar al lugar se debe tomar un autobús en Matehuala, S.L.P, que es un recorrido que dura 2 horas, de las cuales la última media hora es sobre un camino empedrado que recorre pueblitos donde abundan ruinas de edificios viejos de piedra. Ahora bien, el recorrido se interrumpe a la entrada de un estrecho túnel: el único acceso vehicular al pueblo. En la entrada al túnel hay que transbordar a un camión urbano más pequeño, porque el autobús no cabe. El túnel sólo permite la circulación en un sentido, así que para controlar el tráfico vehicular hay personas apostadas en


 
ambos accesos del mismo con radio en mano, mismas que autorizan el ingreso al túnel por turnos: un grupo de vehículos entra al pueblo, mientras los que quieren salir esperan su turno al otro lado del túnel. El recorrido dentro del túnel lleva entre 5 y 10 minutos, y está marcado por unos focos en el techo; dentro del camión todo está oscuro (viaje no apto para claustrofóbicos o nictofóbicos), en algunos puntos el espacio se reduce notoriamente, pero el chofer utiliza toda su pericia para pasar sin tocar las paredes.



Al salir del túnel uno se percata de lo bonito y original del lugar. Es como un pueblo de película, de apariencia vieja y rústica, donde el tiempo se detuvo en la época de las historias de fantasmas y bandidos: un pedazo del pasado en medio de lo moderno.... ah me ganó el entusiasmo, así que dejo las metáforas y mejor paso a dar una descripción decente..... Bien, este es un lugar muy muy muy distinto a aquellos que había visitado en mi recorrido:

* Se encuentra en medio de la sierra y en un ambiente semidesértico (el altiplano potosino, muy frío por cierto), donde abundan los nopales de pencas grandes y tunas coloradas (por algo a los potosinos les dicen "tuneros").

 


* Su arquitectura es colonial, pero súper diferente a las que había yo visto en el sureste mexicano y Centroamérica: aquí la regla es la construcción de piedra y, por lo general, sin emplaste, lo cual le da una apariencia rústica muy agradable a la vista.
* La irregular orografía del lugar está conformada por cerros, cañadas con paredes que van de lo inclinado hasta lo vertical, y cauces secos de arroyos.
* Escasez de vehículos de motor, y abundancia de caballos (para trasporte y recorridos turísticos).

De la combinación de lo anterior resulta un pueblo de película, donde uno esperaría ver vaqueros y aparecidos. El pueblo existe desde el 1700 y tantos, y se vivía de la minería de la plata, hasta que a principios del siglo XX (el siglo pasado: ya me sentí viejo) decayó y casi se convierte en pueblo fantasma, de no ser porque aquí hay una imagen de San Francisco de Asís que se considera muy milagrosa, así que los peregrinos devotos mantenían su recuerdo. El revival del pueblo y su salto a la fama fue gracias al Programa de Pueblos Mágicos de la SECTUR (gracias Chente), con su inclusión en dicha lista su nombre salió del olvido y de inmediato fue objeto de la curiosidad del turismo mexicano y extranjero (y ahí estoy yo como muestra). El pueblo es súper fotogénico: para donde uno voltee puede salir una foto digna de postal o una pintura, en casi todos lados el paisaje se combina magníficamente con las construcciones, aún si se tratase de ruinas.



El principal atractivo del lugar es su parroquia con su imagen de San Francisco, visitada por personas que vienen a pedir favores al Santo. Al interior del templo hay un espacio donde los peregrinos pueden colocar un "retablo" como muestra de agradecimiento; el retablo es un cuadrito con un dibujo y una exposición del milagro concedido. Predominan las solicitudes relativas a la mejoría de salud, perjudicada por alguna enfermedad o accidente, pero también pueden encontrarse peticiones tales como salir de la cárcel, el regreso de la persona amada, la ayuda en trámites, conseguir trabajo, etc. Todo se vale. Según la Lonely Planet Guide, a las fiestas del santo acuden más de 100 mil personas.

En la parte Este del pueblo, en la ladera de un cerro, se encuentra el cementerio, el cual tiene la apariencia de un cementerio de película del viejo oeste, tipo "Bueno, malo y el feo" o western italiano. En el piso de su capilla se encuentran tumbas viejas, y en la imagen de un santo, que supongo es también San Francisco, hay colocadas varias fotos (tamaño infantil y credencial), también manifestación de la religiosidad popular.



Hacia el sur del pueblo, subiendo la sierra por un camino empedrado, se encuentra el llamado "pueblo fantasma", que son las instalaciones mineras abandonadas. Son sólo 4 km., pero como es de subida el recorrido se hace en una hora, a menos que se decida rentar un caballo (mi presupuesto me exigió hacer el recorrido en 2 patas y no 4 --y de subida los santos no ayudan, sólo de bajada--).

Vi que se vende mucho dulce típico, así que este es un buen destino para los golosos. Yo aproveché para probar la cajeta con tequila.


 
Hay otras atracciones: museos, los restos de la plaza de toros, paseos a unas minas, pero ello ameritaría una estancia más prolongada. Hubiera sido curioso pasar la noche en el pueblo (hay varios hotelitos y posadas), creo que se sentiría uno en otro tiempo. Por cierto, según lo poco que leí sobre el pueblo, parece ser que otro de sus "atractivos" es una peregrinación a esta región de huicholes (y también personas que no son huicholes, pero que van de colados) en la búsqueda del peyote, cactácea que les ayuda a "ponerse en onda" para comunicarse con sus divinidades. Así que también, desde ese otro punto de vista no convencional, verdaderamente este es un pueblo mágico.






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