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lunes, 19 de diciembre de 2011

aFANanados







El otro lado de la estación
Por Karla R. Medrano


El niño permanecía ahí, sentado en plena banca del andén del tren número siete, llevaba esperando desde las seis de la tarde a que su padre llegara por él. Según su mamá, ésta vez su papá si iría, pero a lo que Alex podía ver de nuevo, se había atrasado en una de sus juntas. Comenzaba a sentir frío y hambre, la señora de la taquilla ya llevaba viéndole un tiempo sin decirle nada, la estación estaba casi fantasma.

Alex jugueteaba con los dedos y recordaba los buenos tiempos de convivencia familiar, se preguntaba porqué su abuelita ya no venía a verlo, o por qué ya no escuchaba cuentos en las noches, cosa que se respondía con una sola respuesta: papá se había ido.

Pasó un tren más, el reloj marcaba las seis y cuarto, el niño agitaba sus pies que no alcanzaban a tocar el piso, nuevamente miró a la señora de la taquilla que ya no le prestaba atención y que ahora sólo hojeaba una revista de chismes, un tren más que pasaba y aún no había rastro de su padre.

Las luces de la estación eran cada vez más fúnebres y de pronto del otro extremo de las vías un niño de cabello rubio mantenía la misma postura que él. Alex entornó los ojos para poder observar más al niño y éste le respondió agitando la mano.

–Hola –dijo Alex, pero el otro niño sólo miró extrañado y puso la mano alrededor a su oreja. Alex entendió que no escuchaba lo que decía.

Recordó que en su mochila llevaba la libreta de los deberes, así que tras tomar un crayón, escribió en letras grandes “hola”.

El niño al otro extremo sonrió ampliamente y sacó de su cartera de cuero un cuaderno sin espiral fino, tomó un rotulador y le regresó el saludo.

“¿Puedes hablar?”, fue el siguiente mensaje que Alex escribió.

“Sí, ¿puedes oír?”, anotó de inmediato el niño rubio.

“Sí”, dijo Alex con los hombros arriba, preguntándose porqué no lo escuchaba.

“¡Qué raro!”

“¿Cómo te llamas?”. Preguntó con letra más calcada.

“Bruno Evans”, leyó Alex con dificultad.

“¿Vendrán por ti?”

“No, ahora voy a la escuela”

Alex creyó que era muy raro que alguien fuera la escuela tan tarde y en sábado.

“¿Tan tarde?”, le preguntó.
“Para nada”

“¿Qué hora es?, apuntó sospechoso de que el reloj de la estación estuviese averiado y ese fuera el motivo de que su padre aún no estuviera ahí. El chico observó el reloj de su muñeca y después escribió en la libreta.

“Las 9 de la mañana”

Entonces sí que había un error aquí, faltaban horas para que viera a su padre, pero aún tenía una pequeña duda.

“¿Vas a la escuela en sábado?, escribió con la letra más clara.

“No, hoy es miércoles”, anotó el chico con el entrecejo fruncido.

“Es sábado 5 de noviembre de 2011”

“Que chistoso eres”, apuntó el chico con una sonrisa burlesca.

“Es en serio”

“Es miércoles 9 de noviembre de 1943” escribió mientras desprendía una hoja de la libreta y elaboraba un avioncito de papel, para después lanzárselo a Alex al otro lado de las vías.

Alex escuchó el sonido del tren venirse hacía la estación, el avión aterrizó con tiempo justo en el suelo, y después alguien tocó su hombro, era su padre pálido.

–¿Estás bien? –dijo con la respiración entrecortada, tenía la suspicacia de que había estado corriendo.

–Sí, ¿pero porqué tardes tanto? –dijo Alex mientras abrazaba su pierna y buscaba el avión en el piso.

–Estaba en una junta…

–… importantísima de la que no me podía zafar –completó el niño la frase.

–Así es –dijo el padre mientras Alex escuchaba como el tren avanzaba de nuevo, giró y vio la banca vacía del otro lado de la estación, tomó el avioncito del suelo y leyó el apunte escolar de su amigo <>, lo releyó varias veces hasta que decidió volver a doblarlo, giró el rostro hacía su papá y le dijo:

–¿Crees que algún día podamos ir a Barnet, Londres?

–¿Qué tiene Barnet que te interesa tanto? –preguntó al subir las escaleras del subterráneo.

–Creó que tengo un amigo allá –dijo mientras el padre reía y lo alentaba a seguir caminando.

jueves, 3 de febrero de 2011

Afanados



Ivonne
Por Alberto Meza


Llovía, era un día oscuro, el cielo era gris, el ambiente frío. Ya todo el aire se había impregnado de ese extraño olor a tierra mojada, en medio de un camino de piedra, que aun sonaban entre los guijarros que golpeaban esas gigantescas gotas de lluvia. En medio de aquel concierto, por que, unos pequeños grillos hacían su música, que también se armonizaba con los cantos de las ranas y los sapos, que con sus voces, hacían que la lluvia tuviera algo “místico”.Después, en el cielo, un gigantesco destello de luz iluminó toda la noche. Se alcanzó a distinguir, entre la luz del relámpago, el casco viejo de una casa. Al morir la luz de aquel hermoso relámpago, de esa casa pareció salir una luz, era una luz tan tenue, débil, y parecía extinguirse con cada brisa del viento, era una luz rojiza, era la luz de una vela, una vela que parecía escapar entre las sombras que se movían de un lado a otro, como queriendo escapar de aquellas ideas que impregnaban el ambiente.

Era una atmósfera casi embriagante, todo debido a la lluvia, una lluvia tan hermosa como fría, aquel concierto en la orilla del río, y finalmente en una casa vieja, un hombre solitario escribiendo en unos pergaminos a la luz de una vela, que cada momento era empequeñecida, debido a esos hermosos relámpagos que parecían quebrar el cielo. En esos momentos casi se podía imaginar lo que esa flama, esa flama que estaba en esa vela, podía pensar. Al verse ella sola,iluminando toda la habitación, se sentía soberbia, al ver como aquel hombre dependía únicamente de ella,solo eran él y ella, esa flama pronto se volvió vanidosa, “¡Ja, soy la luz de este hombre, sin mi viviría en la mas terrible oscuridad!”

Después, esa flama miraría todo alrededor, primero vería la mesa sobre la cual estaba ella, sobre un candil de plata, que con el rítmico baile de esa pequeña flama, destellaba de una manera muy coqueta. Con esa hermosa danza creaba un hermoso espectáculo de luces que iluminaba todo el lugar; esas luces, que no hacían mas que aumentar la vanidad de aquella, aquella linda flama.

Debajo del candil en el que estaba la vela, había muchas hojas, algunas en blanco, otras con cientos, cientos de garabatos, pero una de ellas, una se llevaba el “protagónico”; era una hoja de pergamino,un pergamino de seda, una suerte de lujo, en ese pergamino, estaba escrito la historia de una niña, era una niña de nombre Cintia, era una niña que se había enamorado de un muchacho, pero su romance era prohibido, al final, ellos se suicidan a la traición de sus amigos, pero, mas adelante de ese hermoso pergamino de seda, había un pequeño tintero, era tinta negra, que tenia una pluma de un cuervo, una hermosa pluma negra azabache, esa pluma estaba sobre el tintero, pero, mas allá del tintero, había otra hoja, esa hoja, estaba quemada de una orilla, en otro lado, tenia grandes manchas de tinta, y llena de cenizas. Entre el hollín, las manchas de tinta y una que otra migaja de algún pan, había un poema, ese era el poema que aquel hombre le había escrito a su “amante”; bueno, el hombre así lo hubiera deseado, pero, no era así.

Ese poema era, era aun más hermoso que ese, ese pergamino de seda, con esas hermosas letras góticas, que aunque estaba lleno de un gran contenido visual, era vacío y tonto; mientras, que, ese poema, escrito en esa hoja, que fue rescatada de la basura, ya que ese hombre pensaba, que no podía darse el lujo de desperdiciar.

Después de la mesa, de esa hermosa mesa de caoba, el único lujo, que, tal vez, tenga esa vieja casa; había un gigantesco espacio vacío, pero al fin, chocaba con una cama, era una cama gigantesca. Pasando la cama, había un buró, en ese buró había, había decenas de papeles, y un pequeño retrato, un retrato de su“amante”, se alcanzaba a ver, una frase que decía,“con mucho cariño, para Alfred”.

Mas lejos, en la pared, desnuda y casi vacía, pintada de blanco, al igual que la habitación, se podía ver un cuadro, el cuadro de un hermoso paisaje, un hermoso paisaje justo antes del atardecer, justo cuando el cielo, se teñía de un hermoso color salmón, luego, se veía un sol que se ocultaba tras las montañas,mientras que, mientras que en el otro extremo del cuadro, una hermosa luna, llena y plateada, empezaba a salir por el otro extremo, esa hermosa luna plateada, debajo, dos árboles, a la orilla de un lago, del otro extremo, un camino empedrado que conducía a una casa. Alrededor de la casa, en medio de arbustos y de una extraña piedra; estaba una mujer, una mujer vestida de blanco, un muy hermoso vestido blanco. Esa mujer, veía fijamente, veía hacia el lago, donde, en sus tranquilas aguas, se alcanzaba a ver como el sol y la luna peleaban por el control del cielo.

Después, siguiendo por la pared, llegaba a una ventana, esa ventana tenia una cortina, una cortina vieja y derruida, pero, detrás de esa cortina, afuera, afuera de la ventana, se veía aquel camino de piedras, a la orilla del lago, y al lado del camino, cerca dela orilla de aquel lago, había una cruz, una cruz en el suelo, al lado de esa cruz, había un ramo de rosas,una hermosas rosas que estaban siendo regadas por la lluvia. Ahora, ya no era una lluvia, ahora era una tormenta, ya los pequeños grillos, se habían escondido en las grietas de aquel camino empedrado, en cambio,las ranas y los sapos, ya cantaban, haciendo un hermoso concierto bajo esa lluvia, tan hermoso como impactante.

En la casa, el hombre, ya se había cansado de escribir, así que camino hacia una puerta de madera; abrió la puerta y entro, pero al ver que todo estaba oscuro, dio media vuelta y regreso por aquella vela, que lo iluminaba en ese estudio. Y así, con la vela en la mano, camino hacia la habitación, mientras que la flama, arriba de la vela, iluminaba todo a su paso.

Así, entro a esa oscura habitación, pero, que, ahora con la tenue luz de la flama, al ver como todo se iluminaba a su paso, empezó a sentir de nuevo esa soberbia, y esa vanidad. Ella era lo máximo, o al menos, ella lo veía así, ella llegó, más de una vez, a pensar “'¿Qué haría él sin mí?”; se preguntaba al ver como ella era la única luz real, que, que tenía ese hombre.

Pero ella no sabia que su vida era efímera, que de un momento a otro, se apagaría, dejaría de existir, pero, ella no lo sabia, y tal vez, de haberlo sabido, no le hubiera importado mucho, ya que, mientras ella brillara, ella seria lo mas importante en la vida de ese hombre, o al menos, ella quería pensar eso. Pero, entre toda esa soberbia, había algo, que constantemente le hacia recordar, era que no importaba que tan hermoso era, tenia una misión, darle luz y calor a ese hombre, era una pequeña muestra de humildad, otra era, que aunque ella iluminara parte de la habitación, y justo cuando ella se sentía lo máximo, aparecía en el cielo un relámpago, iluminándolo todo, desasiendo la oscuridad, haciendo sentir a la flama humillada, todo para que, para al final morir, casi tan rápido como había nacido, esa era su vida, un simple chispazo, esa era la magia del relámpago. Tenia una vida hermosa, imagina, solo imagina, bajar a gran velocidad, iluminando la noche, oscura y fría, y al final, al final chocar contra el suelo, y morir.

Eso era lo hermoso del relámpago. Bueno, gracias a esas dos razones, esa flama aun era hermosa, por que era humilde, la humildad era una virtud, que esa flama no olvidaba.

Esa habitación no tenía ventanas, así que a la luz de la flama, pareció iluminarse casi, casi en su totalidad. La habitación estaba vacía, de no ser por que tenia una mesa, con tres sillas, un pequeño librero, y lo que tal vez, tal vez seria lo más importante, había un hermoso piano negro. Ese piano tenía una pequeña pecera con unas cuantas monedas, varias colillas de cigarrillos y unos cuantos papeles arrugados.

El hombre camino hacia el piano, una vez que se sentó en el pequeño banco que estaba al lado de ese piano, luego coloco a la vela sobre el piano; al lado de la “bola”, luego se sentó en el piano. La flama que estaba sobre el piano, veía como aquel hombre empezaba a tocar una hermosa melodía; la flama al principio se asombró al escuchar como ese hombre podía tocar con una melodía, tan hermosa. Era una melodía hermosa, una de las tantas melodías que ese hermoso piano llegó a tocar, ya que tenía marcas, marcas que hablan de mucho tiempo atrás.

La melodía era tan hermosa, que incluso la flama pareció detenerse a escuchar, a escuchar detenidamente esa hermosa melodía, pero de pronto, aquel hombre se detuvo, dejo de tocar, se levanto, tomo la vela, y regreso a la habitación de la ventana, algo había hecho que dejara de tocar, y que se fuera de esa habitación, de esa habitación habitada por ese hermoso piano negro, negro de ébano, negro marfil; era un negro muy hermoso; pero algo, algo en esa habitación, hizo que el hombre se alejara de esa habitación, la habitación del piano.

En el rostro de aquel hombre se podía ver una lagrima, una lagrima que hablaba de una soledad increíble, una suerte de decepciones, melancolías y tristezas, todo era una muestra de degeneración que estaba a punto de desaparecer.

Pero; como me causa sorpresa esa palabra, tantas veces destruye ilusiones, mata pasiones, otras veces, en cambio, brilla con una hermosa luz de esperanza, de esperanza y magia; en los ojos negros de ese hombre se podía ver ese reflejo de esperanza, esperanza que lo mantenía vivo.

La flama ya había notado ese, por eso pensaba, a pesar de ser algo, algo inerte, sin vida, y por consiguiente, sin sentimientos, pero ella no era así, ella tenia un alma.

Esa flama había adquirido un alma, por eso era vanidosa, era soberbia, pero aun así, tenia algo de humildad, y por eso era hermosa esa flama en su efímera vida, que ya pasaba de la mitad, ya se había dado cuenta de que su vida no seria eterna, que, tarde o temprano dejaría de existir, entonces, en ella nacieron dos nuevos sentimientos, la duda y la fe; tenia muchas dudas, dudas acerca del mundo, dudas acerca de ella, que pasaría en el momento en que dejaría de vivir, que pasaría en el mundo entonces,pero aun, en esa condición, de saber, que su muerte se acercaba, cada día, cada momento, incluso cada segundo, ella seguía viviendo con esa intensa emoción, pasión, con esa capacidad para sorprenderse por las cosas mas insignificantes; por eso, y tal vez su, su pequeño sentimiento de la humildad, de su humildad. Ese sentimiento hacia que fuera una flama especial, ella era “humilde, sino por el maravilloso hecho deque, a pesar de no tener vida; esa flama estaba mas viva, incluso, mas que muchas personas. Faltaba vida en este mundo, pero sobraban corazones condenados a latir.

Esa flama era una vida hermosa, ya que tenia conciencia, no sólo de sus actos, si no de, también todo lo que le rodeaba; tenia sentimientos. El hombre, en cambio, había, no, solo parecía que; al parecer había perdido toda forma de; todo deseo de vivir, o lo que es peor, no tenía deseo alguno de sobrevivir. Entienden eso, no es fácil perder tus deseos de vivir, o de sobrevivir.

Su aspecto, era extraño, cabello largo, negro, sin peinarse, lleno de rizos, alborotados, sin ningún orden, casi como sus ideas, además de su cabello, tenia una corta barba, mas que una barba que cualquier persona quisiera dejarse crecer, veía, como en cambio, no era mas que un reflejo mas de su propia decadencia, pero, como había dicho antes, tenia en sus ojos esa fe, y sobre todo esa esperanza, en que el mañana iba a cambiar.

Ahora, algo empieza a interesarme; en que piensa, que extraños pensamientos habitan esa mente tan atormentada, pienso en que pasaría si pudiera, no sé, introducirme, en sus pensamientos, como lo hice con esa pequeña y hermosa flama. Pero me detengo, y después reflexiono, esa flama es casi como un libro abierto, quería decir, gritar, que todos supieran lo que ella pensaba, en cambio, ese hombre, inmerso en sus dudas, en sus miedos, en su soledad; su mente, en su mente el se quería encerrar, no quería volver a saber nada de lo que pasaba en ese decadente escenario, tan hermoso, al menos al principio, pero, al examinarlo, abrirlo, verlo desde adentro, se veía igual de triste, de decadente que, aun, en este paraíso, se demostraba que nada, nada es perfecto.

Recordemos como es afuera, bajo la tormenta, bajo ese hermoso concierto de ranas, sapos, pequeños grillos que cantaban, haciendo música, música de grillos, casi tan hermosa como esas canciones que se escuchaban en la orilla del Paraná; había, un remanso de la decadente sociedad humana.

Pero, otra vez, esa palabra, que destruye y crea ilusiones, en ese remanso, en ese oasis de decadencia, había algo, no, había alguien, alguien que con su fe,mantenía viva la ilusión del mundo. Era la flama, que a pesar, de que la vela ya casi se había acabado, ella seguía brillando con la misma intensidad con la que nació. El hombre, acostado, en esa cama, que con los ojos llenos de lagrimas, decía, repetía, una y otra vez, “Por que se fue, por que, me dejo solo”, y así, así se quejaba una y otra vez, mientras lloraba. La flama ya se había dado cuenta, y se sentía impotente, tratando de reanimar, a ese hombre, ese hombre, ese hombre que ya, ya no tenía voluntad, solo quería desaparecer, no sé, no sé como, pero únicamente, ese hombre, quería dejar de existir, mientras que, en cambio, esa flama, pedía, rogaba por mas tiempo, quería vivir mas, descubrir que mas, que mas podría conocer, que mas podía sentir, pero, como al final, como todos los grandes personajes, murieron, casi tan rápido como habían vivido.

Ya, en la madrugada, el hombre, se había quedado completamente dormido, mientras lloraba, de una manera incontrolable, esa flama, a punto de extinguirse, a punto de desaparecer, pero, aun rogaba por mas tiempo, pedía mas tiempo, solo mas tiempo, pero; al darse cuenta que no podría vivir mas tiempo, decidió, decidió hacer algo, algo para que su muerte no fuera intranscendental, así que empezó a pensar, “Que podría hacer, que podría hacer”. En ese momento, vio, vio que delante de donde estaba, había una foto, una foto tirada, la foto de la amante de ese hombre, que, ya se había dormido en sus lágrimas, había tirado.

Empezó a tratar de moverse, a rezar por caer, por caer sobre esa fotografía, y al fin, gracias a sus oraciones, una cálida mano, en un dulce toque, el dulce toque de un ángel, así, ayude a la flama, hasta que esa flama quedo sobre aquella fotografía, después,regrese a mi rutinaria observación.

La flama, utilizando la cera caliente, formó una pequeña imagen de un corazón, junto a esa hermosa mujer; después, esa flama pareció mirarme, creo que me alcanzo a ver, y me dio las gracias, y después, después en un ultimo suspiro, abrazo a la eternidad, mientras esa hermosa flama, soberbia, vanidosa, pero a la vez humilde y bondadosa, se apagaba, dejando de existir.

Epílogo

A la mañana siguiente, aquel hombre, se despertaba,con la promesa de un nuevo día, tras esas cortinas rotas y andrajosas, entraba una hermosa luz solar, el hombre se levantó, y vio, en el piso, el candil de lavela, ya apagada, sobre esa foto, al acercarse, y levantar el candil, vio, vio como en la foto, en la foto había, al lado de la imagen de esa hermosa mujer, había un pequeño corazón de cera, al levantar la foto del suelo, vio como debajo de la fotografía había una pluma, una hermosa pluma blanca, al ver la pluma, el hombre se pregunto, si habría sido un ángel, entonces,camino hacia la ventana, y tras un tirón, arranco esas cortinas, sucias y andrajosas, al ver ese hermoso amanecer, le agradeció, a Dios por permitirle vivir, ydecidió nunca mas, nunca mas volverse a decepcionarse de la vida.

Esa foto, era de una mujer, con un hermoso vestido blanco, con el cabello negro, y de una piel clara,decía: “Para el Amor de mi vida, con mucho cariño, para Alfred de Ivonne”.

Fin

domingo, 19 de diciembre de 2010

aFANados





Paz y Bien.
Por Teresa Maraveles

¿Cuantos deseos podemos tener para con nuestros seres queridos? Armonía, bonanza, salud, en fin, muchos y variados emanados del corazón y de nuestra sinceridad, y más, movidos por el cariño que tenemos a nuestras familias, amigos, y vecinos.

Pero ¿Que tal si esta navidad algo nos estorba? ¿Qué tal si el animo no esta muy bien como para desear cosas buenas? Tal vez alguien nos hizo enojar, o tal vez alguien nos ha dejado en el transcurso del año, talvez hay un puntito negro en el corazón.

¿Pues sabías que para eso es la navidad? Para sobreponernos a todas esas decisiones y acciones que hemos tenido a través de un año, Pues no festejamos a nuestro corazón o nuestro sentimiento, no festejamos por los regalos o la cena, ni siquiera festejamos la unidad familiar. Festejamos al Dios hecho Hombre. Y nos preparamos para mostrar esa alegría que esta por encima de todo.



Esa alegría que tenemos en el corazón y que con o sin cena, con o sin regalos, con o sin compañía llevamos dentro es la fuente de nuestrosdeseos.

Por eso en esta Navidad la revista Sueños desea que en nuestros corazones tengamos la disposición de amar, pues proponemos que es lo que marca la diferencia para todos los actos de nuestra vida. Si estamos dispuestos a hacer; es decir inmediatamente ejecutar la acción, sin queja, sin juicio, con prontitud, aceptación y alegría, deseamos enormemente que ésta la apliquemos a la caridad.

Caridad es amor, amarnos los unos a los otros como nos amamos a nosotros mismos. Caridad, amor por el cual hacemos bien a nuestros prójimos, caridad lazo de unión entre Dios y su creatura. Disposición que muestra constantemente desde que nos regaló al Dios-Hombre.

Recordemos pues ese hecho, y que la caridad y la disposición habiten en donde la paz a pesar de lo que pase queda inamovible. Que el Niño-Dios renazca en nuestros corazones.

¡Felices fiestas!

jueves, 28 de octubre de 2010

aFANados




En esta edición, traemos para ustedes esta nueva sección, que es especial para invitados. Para todos aquellos que quieran compartir algo de su inspiración, este es su rincón.

En esta ocasión, como aporte inaugural, presentamos "La Inspiración Final", cuento de la autoría de M. Humberto Gutiérrez. Disfrútenlo.

(Advertencia, por su contenido, la lectura de este cuento no es apta para menores de 15 años)

La Inspiración Final
En mis últimas vacaciones en Europa visite Ámsterdam, ciudad famosa por su enorme cantidad de museos que se cuentan por docenas, por supuesto me dedique a recorrer varios de ellos, todos fueron encantadores, pero de entre estos hubo uno que particularmente me interesó, por una obra que tenían en exposición. Me tope con ella casi de forma circunstancial; estaba observando algunos cuadros de pintores flamencos y holandeses del siglo XIX, mezclados con varios objetos de la época, cuando de pronto mire, de entre los objetos diversos, un manuscrito protegido por una caja de cristal. Era una hoja amarilla y macilenta con huellas de grasa impregnadas. Escrita en cursivas contenía un poema que leí y que me perturbó sobremanera:
La eternidad se inmoviliza
Luciérnagas áureas engalanan mi cálido interior
Cual estertor de muerte, el escalofrío envuelve
Y se confunde danzando a vertiginoso compás
Rocío tibio corona el sufrimiento
Anunciando la perenne belleza que se desvanece
Esta es la muestra perpetua de mi pasión fugaz
Inscrita en una placa se leía el nombre del autor, Pierre Desnauy, poeta flamenco (1840-?). De pronto, intrigado por el poema, me encontré buscando más obras del poeta en el museo, no había más, pregunte al personal informes sobre él y no me pudieron ayudar. Sin embargo no paso mucho tiempo sin que pudiera averiguar algo. En la misma tarde estaba charlando con un amigo en la terraza de un café, platicando acerca de mi recorrido por el museo y del hallazgo, estaba parafraseando parte del verso encontrado cuando escuche a alguien decir –Es Pierre Desnauy- al oír el comentario voltee rápidamente hacia donde se había escuchado la voz. Era un viejito, que se encontraba en la mesa de al lado acariciando a su perro. Lo observe y le pregunte asombrado por la coincidencia.
-Disculpe, ¿sabe quién es?-
-Si por supuesto que sé. Ha sido el mejor poeta flamenco que nuestra tierra ha dado, vivió en la región de Flandes, en Bélgica, de donde soy originario. Fue brevemente famoso durante el siglo pasado, su obra fue como un huracán que pasó chillante. Tal como llegó partió y su particular vida quedo borrada por una sociedad horrorizada-
El viejo parecía conocer la vida y obra del poeta. Tendría unos 70 años, vestía una chaqueta café, su rostro enjuto y lleno de arrugas, rebosaba un profundo conocimiento local, llevaba una boina y unos zapatos sin calcetines, había llegado en una bicicleta que tenia recargada en la pared del café, después nos comento que venia seguido en compañía de su can, a beber siempre un café negro. Interesado en las palabras pronunciadas por el viejo le dije:
–El día de hoy estuve en el museo y leí ese poema, me llamó la atención, quise buscar más pero nadie me supo informar sobre su obra-
-Es que eso fue lo último que escribió, después de eso, ya no se supo nada de él-
-¿Nadie sabe que pasó con él?-
-Nadie, huyó y nunca lo encontraron, verá, a mi parecer no se que resulta más interesante, su vida o su obra. Fue un ser muy singular-
-¡Interesante! Apuesto que usted sabe mucho de él, me gustaría que me contara más-
- Con todo gusto; es una historia un poco larga, pero si tiene un poco de tiempo y paciencia de buen agrado lo haré-
-Adelante-
Vale la pena rescatar la historia que nos contó aquella tarde el viejo. Por respeto al Poeta que no a la persona, trataré de contar de la mejor manera posible, lo que se nos relato ese día de Pierre Desnauy, poeta precursor de la poesía libre.
Pierre Desnauy nació en Bruselas, Bélgica. Su vida fue un tanto enigmática, lejos de todo adorno, no nació en cuna rica, ni en una familia medianamente cultivada, fue hijo de un borracho parrandero que murió, cuando Pierre tenía cuatro años, en una riña dentro de una taberna, Su madre en su juventud había sido prostituta, pero cuando nació Pierre quiso cambiar a una profesión más honrosa, así que consiguió un trabajo como fregona en un hostal. La niñez de Pierre fue dura y amarga, pero él en su interior albergaba una sólida estoicidad. La vida de arrimado del hostal le permitió tener una buena alimentación, creció muy fuerte y en el hostal lo usaban para cargar leña, trabajaba de sol a sol, más por las noches se dormía dulcemente acurrucado escuchando las historias de los viajeros.
Cuando Pierre cumplió quince años de edad fue echado del hostal, pues ya era mayor, así que fue orillado a hacer su propia vida, su madre solo le dio un trozo de pan, una bendición y cincuenta centavos para que comenzara su camino. Pierre pronto consiguió trabajo en una carnicería, como ayudante. Con su dedicada labor no tardo en conseguir la confianza del carnicero, quien le enseño la profesión. De esta manera Pierre Desnauy pudo tener un trabajo decente que le permitió tener un techo seguro, muy humilde eso sí. Rentaba un pequeño ático en un viejo edificio.
Gozaba el trabajo en la carnicería y se esmeraba en ser un buen trabajador; tras el paso de los años se hizo más fuerte, era un hábil destazador de reses, de aspecto recio y grandes dimensiones; sin embargo tenía una estilizada suavidad producto quizá de aquellas miles de noches en que se cultivó al calor de las historias que los viajeros contaban, recuentos de infinidad de lugares y de circunstancias, y sin haber leído un solo libro, su mente rezumaba un profundo conocimiento de la vida. Pierre aprendió a escribir y a realizar cuentas siendo ya grande, gracias a la ayuda del carnicero, quien debido a sus años cada vez batallaba más para hacerlas solo. El carnicero estuvo alguna vez casado y había tenido hijos, pero una epidemia había barrido con su familia.
Con el transcurso del tiempo Pierre fue ayudando cada vez más al carnicero, al punto de tener que encargarse él solo de llevar el negocio por la vejez de aquel, también lo cuidaba y le procuraba de un médico cada vez que lo necesitaba. Con el paso del tiempo el carnicero lentamente fue deteriorando, hasta que un día la madre naturaleza lo reclamó, y en su testamento heredó a Pierre Desnauy el negocio, como muestra de gratitud por su apoyo y compañía.
Pierre en ese entonces ya tenía treinta años, llevaba con soltura el negocio encargándose de todas las actividades, compraba las reses, las destazaba, atendía el mostrador y en resumen llevaba un perfecto orden, la jornada era larga pero siempre guardaba un mínimo de fuerzas para la noche, la suficiente para sentarse en su buró a escribir historias, cuentos como aquellos que escuchaba en el hostal; de esta manera se arrullaba y se iba a la cama, más en ocasiones se quedaba dormido sobre el escritorio. El afán de servicio y entrega de Pierre Desnauy lo convirtió en el mejor carnicero de la ciudad, mucha gente venia de varios distritos a comprarle a él, pues era muy amable y tenia la mejor carne. De igual manera y sin saberlo él ni nadie se convirtió en el mejor escritor, sus múltiples historias, contenidas en libretas, estaban arrinconadas en la gaveta de su casa, como mudo testimonio del ingenio del literato.
Aún a pesar de haber heredado la casa y negocio del carnicero, Pierre seguía viviendo en su humilde departamento, pues sentía que sería una falta a la memoria del anterior carnicero vivir en su antigua casa. Cada vez era más complicado para Pierre llevar su rutina, pues la clientela lo obligaba a trabajar más duro y a cerrar más tarde. Una mañana, tras una larga jornada de inspiración literaria, Pierre amaneció sobre el escritorio retrasado para el trabajo. Al darse cuenta se levantó como resorte y se cambio y vistió rápidamente, salió con prisa y por el apuro se olvido de apagar una vela que había dejado prendida desde la madrugada. Cuando regreso del trabajo ya todo el edificio estaba en cenizas, el edificio se quemó junto con una familia. De sus cosas solo pudieron rescatar un cuaderno semi chamuscado que contenía unas cuantas historias. De entre estas solo nos llegó al día de hoy El cancerbero de Bruselas, digno ejemplo de la narración flamenca.
El haber sido responsable de la muerte de una familia lo dejo tocado, ya sin su departamento no tuvo más opción que mudarse a la casa del carnicero y tratar de continuar su vida; sin embargo, un rastro melancólico era perceptible, nunca se perdono la muerte de la familia. Regularmente un sentimiento de culpa lo abordaba mientras dormía y solía despertarse a media noche sudando frío. Dejo de escribir por un tiempo y continuó solo con el negocio. Más no por ello dejó de ser excelso en su trabajo, no hubo una mella en la clientela y seguía siendo el mejor carnicero. De la misma forma su llama creativa no se apago, solo la ignoro, más después de un tiempo de no escribir, fue creciendo en él un inminente impulso que de forma paulatina fue recobrando fuerzas, hasta que una noche el deseo triunfo, Pierre se sentó nuevamente en su escritorio, pero ya no pudo escribir cuentos, su impulso ya no era aquel jovial, sino uno taciturno pero armónico, por ese motivo Pierre se convirtió en poeta.
Otra vez los cuadernos de Pierre se llenaron de escritos, más ahora eran poemas, agraciados arrebatos de solitaria inspiración que se derramaban sobre numerosos textos; nuevamente las libretas se agolparon sobre el escritorio y como antaño Pierre amanecía ocasionalmente sobre su escritorio, casi como antes. Del mismo modo Pierre continuaba con su hermetismo, pues nadie conocía a Pierre el escritor, al poeta. No obstante Pierre no era un desconocido en Bruselas, era famoso en la ciudad por su servicio e indiscutible calidad como carnicero, y pertenecía además al gremio de comerciantes de la ciudad. En veces lo invitaban a eventos de la cámara de comercio. En los convites su altura y corpulencia llamaba la atención de las viudas y las solteronas, quienes cuchicheaban entre sí “como me gustaría montar a ese toro”
Un día, en una ocasión por motivo de una reunión de la cámara de comercio, Pierre conoció a la viuda de un prestamista, al avanzar la noche y los tragos, tras unos ligeros coqueteos, la viuda sugirió a Pierre de que la invitara a su casa, él accedió. En su casa la viuda lo abordó, y para envidia de las solteronas, hicieron el amor en la cama y en el suelo, la frenética pasión de un hombre que por primera vez había follado y las ganas reprimidas de una viuda de cinco años hicieron de aquél evento un acto que tenía que repetirse para calmar ambas tormentas. Conforme se fueron conociendo, la viuda poco a poco se fue dando cuenta de que Pierre Desnauy era algo más que un simple carnicero. Una vez después de uno de sus encuentros, ella se paro desnuda a la ventana, estuvo observando por un rato a la calle dándose un suave reposo, cuando al voltear sobre su costado se dio cuenta de que había una libreta que estaba encima del escritorio; la tomó y se sorprendió al verla repleta de poesía, Leyó muchos poemas y quedo encantada. El no había comentado con ella nada acerca de su pasión por los poemas, pues profesaba una gran humildad y no los veía tan buenos. Para él sus poemas eran simples ejercicios mentales que no tenían ningún vinculo con el arte y el lirismo bohemio de su época, más no por ello sus obras eran malas, al contrario su habilidad era innegable.
Conocida esa fase de poeta la viuda vio a Pierre con otros ojos, más para la mala fortuna de ambos la relación no estaba echa para durar. En su testamento el prestamista había especificado que la única condición para que su esposa gozara de su fortuna era de que no se volviera a casar o ayuntar con ningún hombre, la viuda al saber que ya empezaban a rumorar de su relación con el carnicero, tuvo que, muy a su pesar, terminar con su furtivo convivió pero no sin antes haber aconsejado a Pierre de que publicara sus escritos; él se negó y le dijo que eran cosa privada. Ante esa respuesta la viuda dijo que respetaba su decisión así que en el encuentro final tomó un libro de poemas y se lo llevó.
Pierre no extrañó ni a la viuda ni a su libreta, el, siguió con su trabajo en la carnicería; muy al contrario de lo que se pudiera pensar, su trabajo de carnicero le gustaba, de hecho de su labor manaba su inspiración, cuando trabajaba se adentraba en una operación mecánica casi automática que le permitía abandonarse a sus pensamientos. Rebanaba la carne rítmicamente; si se le hubiera puesto un metrónomo, con el que se mide los tiempos en la música, hubiera resaltado el hecho de que sus tajadas eran temporalmente simétricas, de esta manera realizaba su labor, en tanto su mente trabajaba en armonía componiendo versos. De regreso en su habitación, se limitaba a vaciar lo que ya había pensado. De este origen fluía su creación; sus libretas ya llenaban un pequeño estante, varios volúmenes de excelsa poesía se arrejuntaban en solitaria compañía, era una especie de tesoro de dioses, prohibido a los mortales.
Más como se podrá imaginar hubo una Prometea, la viuda del prestamista, que como muestra de gratitud envió la libreta a un editor conocido suyo. Él, al darse cuenta de la talla del poeta, no dudo en acudir un día a la carnicería para convencer al poeta de que publicara sus obras.
-Buenas tardes, ¿en que le puedo servir?-
-En mucho, he venido aquí porque me han comentado que aquí venden un muy buen solomillo-
-El mejor de la ciudad. ¿Que le parece este?-
-Estupendo, un digno ejemplar para mi mesa, me lo llevó-
-Deje lo envuelvo. Este filete hasta merece un empaque con moño-
-Gracias…Y dígame Pierre, ¿como le va con su negocio?-
-Bien, siempre con mucho trabajo, pero, ¿Como sabe usted mi nombre?-
-Una amiga me contó de usted. Me ha dicho que usted es el mejor carnicero del lugar, pero me ha dicho también que sus cortes se quedan tímidos ante lo exquisito de sus versos-
Pierre, al intuir la intención del visitante, no se dio por aludido.
-Bien, aquí esta listo, el mejor solomillo de la ciudad, son 80 centavos-
-Tome. Dígame Pierre, usted parece estar satisfecho con su ocupación de carnicero pero ¿No le interesaría más la vida de poeta?-
-No sé a que se refiere. Aquí esta su cambio, que tenga buena tarde-
-Me refiero a que he leído sus poemas y me parecen hermosos, soy un editor y me gustaría publicar sus obras-
-Supongo como llegó hasta usted lo que he escrito. Pero eso que usted ha leído no es poesía, es solo un juego, una distracción, no es nada serio, está perdiendo su tiempo-
-¿Pues que es la poesía sino un juego, un artificio? Señor, al tratar de no definir su obra como poesía la ha definido como tal. Además quiero comentarle que lo que he leído no me ha parecido superfluo en absoluto, sino lo contrario y quiero decirle que tiene un gran mérito y calidad, usted es un prolífico escritor, pero está dejando a su obra pudrirse en soledad-
-Mis escritos están en el lugar indicado, en el lugar donde han nacido, ahí pertenecen y ahí los quiero-
-Esta bien si así lo quiere, pero comprenda que las obras son como los hijos, usted podrá ser su creador, pero no le pertenecen, se pertenecen a ellas mismas, usted es un gran egoísta al no querer compartirlas-
-Quizá seré egoísta pero aún así no las publicare, no quiero ser el hazmerreír del pueblo-
-¡Oh creame, bien, Pierre Desnauy!, usted será todo menos el hazmerreír del pueblo, la gente lo amará, su destino es salir de entre nosotros para elevarse a gran altura. El camino ya esta hecho, solo tiene que tomarlo, para usted será sencillo, pues lo único que requiere es dar su consentimiento y ya esta listo. Yo me encargare de lo demás, usted podrá continuar con su trabajo. Las posibilidades de ingresos excedentes son bastante atractivas.-
El editor era un elocuente orador, más el carácter huraño de Pierre complicaba las cosas; sin embargo, no era indiferente al dinero, la idea de tener un capital adicional, casi sin hacer nada, solo consintiendo que se imprimiera su obra era atractiva, pensaba que si tuviera dinero extra lo usaría para emborracharse y si era suficiente quizá por vez primera en su vida cerraría un día la carnicería. Además pensaba que si quien lo encomiaba a publicar su obra era un editor, era porque quizá su obra, después de todo, no era tan mala. En el fondo siempre había tenido esa curiosidad por saber si lo que a él se le presentaba como sublime también significaba lo mismo para los otros, lo que de ser cierto indicaría la existencia de un vinculo, la declaración tácita de que era uno de ellos, que pertenecía a la sociedad, algo de lo que siempre había dudado. Por lo demás siempre había sentido un dejo de petulancia y quería comprobar si en realidad tenía sustento.
Pierre Desnauy terminó aceptando. Carnicero y escritor estrecharon las manos, la obra se imprimió y se distribuyó por las librerías de la ciudad, los libros se vendieron como pan caliente o mejor dicho como solomillos de primera, la obra pronto se vendió en las demás ciudades vecinas llegando a conocerse en París. En su ciudad pronto corrió la noticia de que el novel poeta era de profesión carnicero, la noticia provoco una gran curiosidad entre los habitantes quienes consideraron el hecho como algo absolutamente fuera de norma. Muchas muchachas empezaron a desfilar por la carnicería para comprar filetes, muchas de ellas con su libro bajo el brazo para pedir autógrafos, algunas de ellas consiguieron un poco más que eso. La estilizada suavidad de sus versos era complementada por la virilidad de su apariencia que ostentaba en su otra profesión, una combinación dinamitante que hipnotizaba a las jovencitas y a las señoras. Las mujeres y el dinero aparecieron de la noche a la mañana en su vida, de un día para otro Pierre se había convertido en el poeta de su nación y en el amante del pueblo. Sus obras eran impresas una tras otra, su estante agolpado de volúmenes comenzó a despejarse a medida en que estos se entregaban al editor para su trascripción. La fama del poeta se disperso por Europa llegando hasta la gran bretaña y los países nórdicos, sus obras fueron traducidas a todos los idiomas del continente, se leían ya en flamenco, francés, inglés, alemán, italiano, español, holandés e inclusive ruso. Los ingresos excedentes que le llegaban a raudales y su repentina fama hicieron incompatible la continuación de su trabajo como carnicero, por lo que vendió su negocio a un alemán por 40 virelanes. Su vida inmóvil en la carnicería fue pronto trocada por otra animada y activa en donde vivía frecuentando las cortes, los parques, las fiestas y las veladas literarias, sus escritos eran la delicia de las tertulias y Pierre se regocijaba leyendo sus textos a lo mejor de la sociedad flamenca. Cortejo a muchas mujeres, usualmente les recitaba sus versos más melosos, pues no todo lo que toco fue oro; más sin embargo, estos eran los que las damas preferían, fue entonces envuelto en una etapa de placer y lujuria. Su cama fue visitaba por las doncellas más hermosas, las frutas más maduras y los abriles más deliciosos. Su gusto se fue refinando y sus amantes pronto empezaron a provenir de familias acomodadas, conoció a hijas de comerciantes, de jueces y de la nobleza, así también como a sus esposas.
Un día, llegó a la ciudad procedente de la gran bretaña la mejor compañía de teatro de Europa a representar un ciclo de obras de Shakespeare, entre sus grandes talentos venía la joven joya del teatro londinense llamada Eugene Greene, una autentica Diosa. Debido a la talla del poeta y al gran momento por el que pasaba, formó parte del comité de recepción integrado por lo mejor de la vida intelectual y de la sociedad flamenca. Organizaron una elegante cena con platillos costosos y vinos franceses, fueron buenos anfitriones y mantuvieron una amena charla toda la noche. Pierre no dejaba de observar a la bella Eugene, ella se sabía vista por él y le respondía con sus miradas ya que también sentía atracción por él, pues conocía su obra y le profesaba admiración. Tras varios eventos organizados por los anfitriones, Pierre y Eugene fueron intercambiando charlas y haciéndolas cada vez más extensas, hasta que una noche, después de la puesta en escena de El Rey Lear, al celebrar el éxito de la función y haber ingerido varios vinos salieron juntos rumbo a casa de Pierre un poco embriagados. Pierre ya había conocido a muchas beldades, pero ninguna como Eugene, su belleza era sin par. Todo ella era un tributo a la vida, sus proporciones, su tersa tez y la armonía de su rostro hacían creer en el supremo arquitecto. Pierre también era atractivo a su manera, pero poseía una belleza tosca, parecía haber sido esculpido de un bloque de mármol con solo unos cuantos cincelazos.
Ahí estaban ellos, en el escritorio de Pierre, tomando vino mientras reían y charlaban, las manos de Pierre se encontraban sudorosas ante el nerviosismo de tener a semejante soberana en su habitación, el la tomo de las manos y se prestó a darle un beso pero ella se retrajo y tapo los gruesos labios monolíticos de Pierre con su nacarado dedo índice.
-Primero recítame un poema- Dijo Eugene
-Sí, claro-
Pierre, estiro la mano y busco un cuaderno de su escritorio para recitarle uno de los miles de versos escritos por él, sin embargo, no encontró ninguno, la última libreta la había entregado hace meses al editor para su trascripción.
-Eugene, graciosa hermosura, te pido disculpas, en este momento no tengo ningún libro cerca.-
-Ese no es problema, puedes inspirarte en mí, seré tu musa- Dijo riendo Eugene provocativamente.
Pierre, vaciló pero accedió, cerro sus ojos, en busca de aquellas palabras que siempre surgían a borbotones de su prolífica cabeza, sin embargo en esta ocasión nada brotó, solo un silencio había en la habitación mientras Eugene estaba en espera del erótico artificio con una sonrisa y sus ojos cerrados.
-Disculpa Eugene, no se si es por el vino o por tu extrema belleza, pero no se me viene nada a la cabeza-
Eugene sorpresivamente cambio rápidamente de rostro, como una niña caprichosa lo observo fijamente a los ojos.
-¡¿Comó?! ¡Tú eres el mejor poeta y yo soy la mujer más bella! De semejante reunión no debe de producirse sino el poema más sublime.-
-Tienes absoluta razón, sin embargo, mi mente esta en blanco, quizá es porque me tiene hechizado tu hermosura- Profirió Pierre un tanto apenado.
-¡Al diablo con tu explicación! ¡Recítame un poema, aunque sea un verso!
-Lo siento Eugene, estoy nublado-
-¡Mi poema, recítame mi poema! ¡Eugene Greene debe de tener un poema! -¡Dame mi poema!-
Eugene, había mudado de comportamiento, como si se tratara de una escena de teatro, su postura no era entendible sin otorgarle la virtud de un grado de alienación. Estaba encendida en cólera, quizá su hermosura era sin par, pero a consecuencia de ello, su ego era profundo como un abismo.
-Si eres tan buen poeta como te presumes, no deberías de tener ningún problema con esto, ¿O es que acaso te doy tanto miedo? O quizá eras un buen poeta pero ahora eres un escritor impotente que ya no puede erigir una palabra. ¿Eh? Dime impotente, ¡contéstame!-
La situación se había tornado incomoda, Pierre en un principio se sentía avergonzado, como si tuviera disfunción eréctil, pero conforme Eugene continuaba con sus insultos él se sentía cada vez más y más ofendido.
-¡Basta! Hoy no se me ocurre nada, seguro es por el vino, ya mañana se me ocurrirá algo, te prometo que te escribiré un poema-
- ¡Simples excusas! Los mejores poetas escriben bajo el efecto de Dionisio, pero tú estéril poeta, haz demostrado tu fraude. Ya lo presentía, esta ciudad asquerosa ya me tiene harta, todos ustedes son una estafa, no son ni lo suficiente nobles, ni ricos, ni cultos. Y por sobre todos, tú eres el fraude mayor, en toda la estancia no te he visto sino tomar tus libros impresos para leer poemas ya escritos; pero ¿Qué te he visto crear en estos días? ¿Qué ha nacido de tu pecho últimamente? ¿En dónde está tu inspiración? Tengo la impresión que todos tus versos son robados.-
Eugene tenía razón parcialmente, los versos habían sido escritos por Pierre, pero por el Pierre anterior, el carnicero, desde su cambio de vida ya no había vuelto a escribir. Pierre se sintió amargamente insultado debido a tan dolorosa verdad, lleno de ira exclamo.
-¡Basta zorra pedante! ¡A callar!-
Pierre se quedo mudo y estático, quería regresar las palabras pronunciadas pero era demasiado tarde, estaban resonando por toda la habitación.
-Perdón, discúlpame, tienes razón, te prometo que te escribiré un poema-
Eugene, estaba pasmada, nunca había sido ofendida, ni siquiera por su padre. Bajo corriendo las escaleras a toda prisa huyendo del lugar, Pierre intento tomarla por el brazo pero ella no se dejo.
-¡No me toques monstruo insolente! ¡Como te has atrevido cerdo! ¡Pierre Desnauy eres un cerdo impotente!-
Eugene corrió fuera de la casa de Pierre y corrió a mitad de la noche por entre las calles obscuras y desiertas, a grandes voces se alejo del lugar. Lentamente su voz se iba apagando pero era posible alcanzar a distinguir –Pierre Desnauy es un falso poeta y un cerdo- A su vez Pierre trataba de ahogar sus gritos con los suyos desde su casa.- ¡Te escribiré un poema!-
Pierre se desplomo sobre su cama. Al día siguiente ya se había corrido la noticia. En el pueblo se rumoraba que Pierre Desnauy no era poeta y que en realidad había robado los versos, además se decía que había intentado violar a la señorita Eugene. El departamento de policía, lo llamó a comparecer pero ante la falta de cargos fue dejado libre. De repente todo cambió para Pierre, dejó de ser requerido a los eventos de la sociedad flamenca, incluidos los que se organizaban a la compañía de teatro, que aún seguía en la ciudad, pues el teatro continuaba abarrotándose a pesar de que ya actuaban a medias. Fue entonces excluido del círculo intelectual y todos sus amigos dejaron de hablarle. Habiendo renunciado a la carnicería no podía recogerse a su antigua profesión, quedo por así decirlo en un limbo social.
Pierre con su orgullo herido intentó volver a escribir pero sus esfuerzos fueron vanos, ninguna idea se le ocurrió, ni siquiera alguna vaga noción, su pluma estaba inmóvil atrapada en la mano de un poeta sin inspiración. En un arranque de desesperación Pierre gritó, sacudió las manos en el aire y tiró los objetos que estaban sobre su escritorio, se levantó y se fue a la ventana recargando sus manos sobre la pared. No sabía que hacer, estaba enojado con la gente, con Eugene y con él mismo, se preguntaba hacia donde se había ido su arte, si otrora era un gran escritor prolífico y de su pluma profusa desbordaban versos, ahora se encontraba al borde de una crisis nerviosa con el tintero lleno pero con la cabeza vacía. Trato de calmarse, se dijo que el en verdad era un gran poeta, porque él sí había escrito esos versos, todo era obra suya, solo era cuestión de escribir unos cuantos poemas para retomar el camino y callar al mundo. Pierre regresó al escritorio e intentó varias veces más de escribir pero su mente no escupió una sola palabra, la escena del grito y del tirar las cosas se repitieron varias veces hasta que por fin se dio por vencido. Se quedó estático en el escritorio; por varios días sin comer y sin asearse. Su mente estaba ciclada con un solo y perpetuo pensamiento: necesito escribir un poema ¡Tengo que escribir un poema!
Todo cambio una tarde, había dormido todo el día y tuvo un sueño revelador, en el vislumbró exactamente lo que tenía que hacer para recobrar su talento. Bajo a la carnicería y toco la puerta; fue inútil, el negocio estaba cerrado, Pierre no se inmutó y sacó unas llaves de su bolsa, pues había guardado unas copias y abrió la puerta, entró a la carnicería y por un momento respiro el aire del lugar, para él era como una mañana en el océano, se dirigió a la mesa de trabajo, tomo un cuchillo afilado y lo guardo en un pedazo de tela. Toda la escena ocurrió veloz; sin pausas y sin tiempo para reflexionar. Pierre salió de la carnicería con una sonrisa chueca, dirigió sus pasos hacia el Hôtel Des Fleures, en donde se encontraba hospedada la compañía de teatro y marcho con pasos resolutos. En su trayecto compró un ramo de flores. Llegó a la recepción del hotel y pregunto por la habitación de Eugene, -es la 220 en el segundo piso- le contestaron. Subió las escaleras, se dirigió tranquilamente a la habitación de Eugene y toco a la puerta – ¿Quien es?- preguntó Eugene. –Soy de la florería, traigo un obsequio de un admirador- contestó Pierre. Eugene abrió la puerta y para su sorpresa era él, trato de cerrar la puerta pero Pierre lo impidió con su brazo, rápidamente entró y con voz serena y seca le anunció –Te dije que te escribiría un poema- Eugene con un gesto de enojo estuvo a punto de levantar la voz pero Pierre la golpeo en la cabeza y ella cayó desmayada. Él la tomo de los brazos y la llevó al baño arrastrándola.
Al día siguiente la ciudad amaneció conmocionada; Eugene Greene había sido cruelmente asesinada en el baño de la habitación del hotel por Pierre Desnauy, su cuerpo había sido horrorosamente destazado con un cuchillo de carnicero. Sobre el piso, en el lugar del crimen, se encontró escrito en un papel un poema firmado por Pierre Desnauy. El poema contenía 7 líneas correspondientes al número de cortes que el cuerpo presentaba. El espeluznante crimen había sido coronado por un poema de origen macabro pero exquisito. La policía busco a Pierre en toda la ciudad y por todo el país; a pesar de los grandes esfuerzos realizados nunca encontraron al homicida. El horror invadió a Bruselas pues se sintió ultrajada con el asesinato más vil jamás vivido y que resultó ser perpetrado a manos de una persona, que recientemente había sido considerado como la joya de la nación. Después del asesinato, ser flamenco fue por un tiempo vergonzoso, la gente en el exterior llegó a renegar de su origen tratando de eliminar todo rastro de vínculo, por ello la administración de la región hizo un pacto secreto y trató de borrar de la memoria del pueblo el nombre del poeta, retirando sus obras de las librerías.
El poema fue archivado por la autoridad en un expediente junto con el cuchillo y otras evidencias. Tras el paso de los años el caso tuvo que ser cerrado y por fin quedó en el olvidó para la paz de la nación. El expediente fue mudado al archivo muerto y ahí pasó varias decenas de años, abandonado en el sótano del edificio. Mucho tiempo después, durante un bombardeo en la segunda guerra mundial, el edificio central de la policía de Bruselas fue destruido, sin embargo, de entre los escombros, fue encontrado milagrosamente el poema. Tras un azaroso cambio de manos, el poema acabo en las manos de un coleccionista privado, quien al morir lo donó en su testamento al Museo de Rijks en Ámsterdam, Holanda.
Finalmente lejos de todo prejuicio y después de ciento treinta años de permanecer escondido, el mejor poema de Pierre Desnauy se exhibe en el museo; en una caja de cristal, para protección de la joya literaria. De esta forma elegante, el humilde papel descolorido se presenta en sociedad. La mejor obra del mejor poeta flamenco, producto de una sublimé inspiración, saluda con un guiño a los visitantes del museo.
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